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Escrito en el aire

microfono

Al despuntar la mañana, en aquella casa que olía a café recién hecho y al aroma del jazminero que decoraba su patio, España a las 8, el primer diario hablado de Radio Nacional, ponía a mi padre al corriente del acontecer del mundo mientras se rasuraba la barba con premura, escuchando la rueda de corresponsales que coordinaba Victoriano Fernández Asís. Ese sería mi único despertador durante aquellos años, que ahora solo acierto a recordar en blanco y negro. Después, cuando él ya se había marchado, en la vieja Telefunken sonaba la sintonía inconfundible de Protagonistas, con Luis del Olmo; por la tarde, Estudio 15-18, con Jesús Quintero y luego con Alfonso Eduardo, y ya, entrada la noche, solía escuchar Radiogaceta de los deportes, legendario programa que entonces dirigía Fernández Abajo.

Mi padre había estado presente el sábado, 9 de octubre de 1965, cuando el ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne, se llegó hasta un paraje de Las Torres de Cotillas para inaugurar el Centro Emisor del Sureste, un imponente complejo técnico de 125 kilowatios de potencia que abastecería, total o parcialmente, de las emisiones de la radio pública, a las provincias de Murcia, Albacete, Valencia, Alicante, Almería y Granada.

Ahora, al cumplirse 50 años de todo aquello y cuando aún quedan testigos para contarlo, es momento para valorar la singladura de Radio Nacional de España en nuestra Región, ese indispensable pilar informativo del acontecer diario y por el que ha desfilado, a lo largo de estas cinco décadas, mucho de lo mejor que esta profesión haya brindado a la audiencia más fiel. Esa RNE que ha sido, durante tanto tiempo, marchamo de fiabilidad y rigurosidad. “Lo ha dicho Radio Nacional”, solían decir las gentes, casi como si de un acto de fe se tratara. Aún recuerdo lo que supuso, siendo apenas un impávido aprendiz del oficio, la primera vez que me senté ante uno de sus micrófonos, en los estudios de Jaime I El Conquistador, para dar lectura a un boletín de noticias.

McLuhan nos dejó convencido de que la radio afectaba a la gente de una forma muy íntima por ese ‘tú a tú’, esa comunicación silenciosa que se establece entre el locutor y el oyente. Convendrán conmigo que ningún otro medio ha alcanzado nunca la calidez que destila un simple transistor.

Debo confesar que mi vocación periodística surgió escuchando la radio. Y que el día que conseguí trabajar codo con codo junto a aquellas voces que acompasaron mi infancia (y con los imprescindibles y tantas veces olvidados técnicos de sonido), me sentí un tipo de lo más afortunado. La radio, y fundamentalmente RNE (como antes ocurriera con Radiocadena Española), hizo de mí mejor persona, me amplió la visión y la perspectiva de muchas cosas, al tiempo que propulsó mi tolerancia ante la vida.

Radio Nacional cumple medio siglo de existencia entre los murcianos en este octubre presuntamente otoñal, ese mes en el que también mi padre hubiera alcanzado los 90 años de edad. A él y a la radio les deberé cuanto soy, agradecido siempre por su paciencia, aliento y consideración a lo largo del tiempo. Y a cuantos me enseñaron los secretos de una profesión que sigue siendo, a pesar de los pesares y aunque a veces en ella se sufra como un perro, tal y como aseveraba García Márquez, la más hermosa del mundo.  Así es que muchas felicidades, compañeros, y sin embargo, amigos, como diría aquel.

[‘La Verdad’ de Murcia. 9-10-2015]

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