Incongruencias varias

En la página15 del prestigioso periódico, un editorial contundente ponía los puntos sobre las íes en lo que a la explotación sexual se refiere. En la 42 y 43, se sucedían en cascada los anuncios de contactos, en los que se ofrecía carne fresca, incluso a precios de saldo, quizá motivado por la crisis que nos azota. Ese doble lenguaje, practicado por muchas empresas periodísticas en nuestro país desde tiempos de la Transición, se ha ido prolongando en el tiempo sin que, hasta hoy, nadie se haya decidido a hacer nada. Los pingües beneficios que en la cuenta de resultados supone este tipo de publicidad, impedían que se le pusiera coto desde dentro de las propias empresas de comunicación. Son contadas las excepciones de diarios que han rechazado este tipo de reclamos, algunos verdaderamente vergonzantes para la condición humana.

Mientras, por un lado, las fuerzas de seguridad del Estado se emplean a fondo para desmantelar redes de explotación en tugurios infectos en los que esas mafias organizadas explotan a mujeres extranjeras, en los diarios nos desayunamos, día sí y día también, con un elenco de proclamas para uso y disfrute del consumidor. Y eso no es coherente, mojigaterías al margen. La prostitución, que mueve cantidades ingentes de dinero que escapan a cualquier control fiscal, es un delito probado aquí y en Tailandia. Que nadie se rasgue las vestiduras, pero la permisividad ancestral del Estado con este conglomerado de negocios es tan contradictorio como gastar presupuesto en campañas para incitar a que la gente deje de fumar o de beber alcohol y luego hacernos pasar por caja para recaudar los impuestos derivados de comprar una cajetilla o practicar el botelleo. Resulta todo bastante incongruente, visto desde la barrera.

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Despertando a la bestia

El celebrado alborozo que a muchos les produce el batacazo de Nicolas Sarkozy en las elecciones regionales francesas de ayer, guarda directa proporcionalidad con los mismos que se afanan en subrayar el éxito –que lo es– del Frente Nacional (FN). Que la izquierda ha ganado el plebiscito es incuestionable: el Partido Socialista (PS), Europa Ecología y el Frente de Izquierda consiguen en torno al 54% de los sufragios frente a tan sólo el 36% del partido gubernamental, la UMP. Es decir, que la izquierda gobernará en 23 de las 26 regiones del país. Habrá que indagar, también, en las motivaciones que ha llevado a casi la mitad del censo (48,12%) a no acudir a los colegios electorales en esta segunda vuelta de los comicios.

Pero volviendo al éxito de la extrema derecha, del que hoy son valedores como sonoro altavoz los medios más lejanos a las tesis lepenistas, destaquemos alguna observación. La cabeza de lista del FN en Nord-Pas-de-Calais, Marine Le Pen, hija y heredera del presidente del partido –Jean-Marie Le Pen ya tiene de 81 años y se marchará el año próximo–, ha sido tajante en su valoración: “Hemos obtenido una victoria incontestable. Hemos mejorado los resultados de la primera vuelta, lo que no nos ocurría desde hacía tiempo”. En efecto, el FN habría alcanzado, a nivel nacional, casi un 10% de los votos, si bien es de destacar que sólo concurría, en esta segunda vuelta, en una docena de regiones –de un total de 23 donde había elecciones– y en las que, de media, obtuvo el 17,5% de respaldo. Además, entre la primera y la segunda vuelta, el FN ganó medio millón de votos, de ahí las contundentes palabras de la aspirante a heredera paterna. Y es que, en la región por la que concurría, Marine obtuvo el 22,20% de los votos, lo que reafirma su pretensión de convertirse en candidata al Elíseo en 2012 frente a la opción de Bruno Gollnisch, quien en la región Ródano-Alpes sólo obtuvo el 14,57% de los sufragios.

Con todo y con eso, el FN sigue siendo un partido que tiene su electorado, oscilante e infiel en ocasiones, pero que le permite sobrevivir en el panorama político del vecino país. Sus tesis, en determinadas cuestiones muy alejadas de los postulados democráticos del centro-derecha, impiden posibles pactos con ese socio siempre incómodo, a riesgo de sufrir su contaminación. Sin embargo, y es lo que hoy se detecta, a algunos les produce especial regocijo que su intención de voto suba si eso perjudica al Gobierno de Sarkozy. Es como encender una vela a Dios y otra al diablo. O disponerse a jugar con fuego si, como algún avezado observador oportunamente recuerda hoy, se volviera a despertar la bestia.

Mi primer coche

Fue mi primer coche un Seat-133, de color azul, que compartía con mi madre y mi tía, conductoras tardías ambas que obtuvieron el carnet rebasada ya la cuarentena, por lo que casi me apoderé en exclusiva de él.

Aquel vehículo me resultó aún más familiar ya que las clases prácticas, en la autoescuela de Molina de Segura en la que aprendí, las había dado con un modelo casi idéntico, junto a mis pacientes profesores Juan Santiago Nieto y el cabo López.

Con ese coche deambulé por las carreteras a lo largo de casi una década (la de los tan felices ochenta). Y con él compartí multitud de vivencias: fue el vehículo con el que me desplazaba a la radio siendo apenas un meritorio o con el que, en algún verano, me dejaba caer por las playas de La Manga del Mar Menor.

Fue también en él donde, años después, hubo que hacer maravillas para encajar los equipajes con la silleta de un bebé.

El viaje más largo que realicé con aquel coche fue a Albacete, para llevarle a mi olvidadizo hermano su carnet de identidad al objeto de que se examinara en unas pruebas.

Pese a su aspecto frágil, ahora que lo pienso, ese Seat-133 nunca me dejó tirado en carretera alguna. Lo conduje desde 1981 hasta 1989. Y fueron unos años en los que acontecieron algunas de las cosas más importantes que me han sucedido en la vida.

[La Verdad / Suplemento del Motor. 20 de Marzo de 2010]

Dos damas de blanco

La tita Dorita

No cuesta mucho imaginar cómo a uno se le presenta la vida cuando, con apenas 15 años, se muere su madre y tiene que hacerse cargo de cuanto hay en su casa. En esta ocasión había un padre y tres hermanos. Como si la Divina Providencia hubiera querido que el nombre de pila se ajustase a su misión terrenal, escogieron para bautizarla el de María Auxiliadora. Y con sumo acierto.

Dorita Verdú Cantó, la tita Dorita para su prole de sobrinos (entre los que me incluyo) y para los hijos de éstos, o la madrina para algunos de ellos, ha dedicado todos estos años a auxiliar a cuantos hemos estado a su lado. Y cuesta trabajo entender que, a quien la vida ya le mostrara tan pronto su lado más amargo, siempre capeara el temporal con una sonrisa en el rostro. Con una sonrisa y con un magnífico arroz y conejo o unos gazpachos con carne, cocinándolos al estilo que aprendió en la tierra alicantina de sus padres, que fueron mis abuelos Enrique y Elena, tanto en el Pinoso como en La Algueña.

Agradezco, en nombre de la familia, de sus hermanos (mi madre y mi tío Manolo) así como de los míos, de mis primos y de los hijos de éstos, este homenaje que hoy se le tributa a quien siempre ha sido para todos un ejemplo de desinterés en lo material y de dignidad en lo existencial. Dudo mucho de que si Dios le hubiera dado hijos, a ellos los hubiera querido más de lo que nos pueda querer a nosotros. En todo caso, creo que lo haría a partes iguales. Y espero que siga haciéndolo muchos años, a pesar de que sus piernas desaceleren el paso, y que el día que nos deje, para lo que aún falta mucho, que sepa que sólo desaparecen de verdad aquellos seres a los que se les remite al olvido. Y a ella, compréndanlo todos ustedes, nunca la podremos apartar de nuestra mente por muchas hojas que caigan del calendario.

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Nuestra Presenta

Pronunciar el nombre propio de Presenta en mi vida nunca ha requerido de más aditamento. Al fin y al cabo, a pocas personas conoceremos en nuestro existir por una sola palabra como denominación que las identifique.

Presentación Fernández García, nuestra Presenta, nació en Bullas, sí, pero es alguaceña de los pies a la cabeza. Siempre supimos que su primer trabajo fue como peluquera, allá por sus años de juventud. Pero, como casi todos también sabemos, donde ella residió laboralmente más tiempo fue en París, la ciudad más bella del mundo, y a la que hace ya tres décadas pude descubrir gracias a ella, precisamente. Allí fui testigo de que, aun mostrando agradecimiento por la acogida en el vecino país, en la distancia seguía adorando a España, a Murcia y, naturalmente, a Alguazas.

Presenta siempre me ha parecido una señora, en la más amplia acepción del término. Elegante, discreta, buena conversadora y con ese punto que usualmente denominamos como el saber estar. Me consta que, de un tiempo a esta parte, la salud le ha jugado alguna mala pasada. Pero aquí está, felizmente para todos. En este hermoso homenaje que alguien que ella y yo sabemos estará viendo encantada desde allá arriba y que, esbozando una de sus sonrisas tan socarronas, ahora exclamará: “¡Pero qué majos que están mi Presenta y el Manolico!”.

Enhorabuena, Presenta, y gracias por tu probado cariño para con nosotros en todos estos años de nuestra vida.

El albergue número 13

Se estima que entre 60 y un centenar de indigentes viven a diario en las inmediaciones de la T-4 de Barajas, esa tremenda mole aeroportuaria. Son seres como usted y como yo, a los que la vida les jugó alguna mala pasada en el transcurso de los días. Todos tienen su historia, más o menos rocambolesca, más o menos creíble, más o menos justificada.

Cuentan los trabajadores del aeropuerto madrileño que la presencia de estas personas en sus instalaciones es el baremo exacto de cómo está la situación laboral en el país. No es de extrañar que añadan, con cierta sorna, que Barajas se ha convertido en el décimo tercer albergue social de la capital de España.

Un diario se ha ocupado de indagar en varias historias negras de estos hombres y mujeres. Todas acaban en un pozo ciego: el de la soledad del perdedor. Son casuísticas a la vez parecidas y diferentes. ¿En qué momento se les torció el destino? No sabrían decirlo exactamente, pues la adversidad les sobrevino en cascada. Y, ¿qué esperan? Nadie lo sabe. Quizá que la cosa cambie y, con esperanza infundada,  que escampe el temporal.

Alguien apunta con la solemnidad del experto en algo que estas gentes tienen un perfil, a veces, complicado. Quién lo diría. Con lo a gusto que se debe estar con la casa a cuestas, deambulando por la T-4, como Viktor Navorski, aquel curioso personaje al que daba vida Tom Hanks en La Terminal. Es para troncharse.