El obispo de los ‘sin tierra’

 

“Monseñor Ramazzini, buenos días aquí en España. Allá en Guatemala deben de ser las 4 de la madrugada. Estamos homenajeando en estos momentos a un misionero español, de un pueblo de la Región de Murcia, y quisiéramos que usted dirigiera unas palabras a las personas que se encuentran reunidas aquí, en la Casa de la Cultura de Alguazas. Le escuchamos, monseñor…” 

Era el mediodía de ayer cuando los milagros de la telefonía me conectaban con Álvaro Ramazzini Imeri, obispo de la diócesis de San Marcos y presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala. Se trata de un prelado que brega a diario en aquel país centroamericano con los pobres y los desheredados, los campesinos y los sin tierra. El obispo Ramazzini se ha opuesto firmemente a los controvertidos proyectos mineros en San Marcos, donde se asegura que una compañía minera canadiense y el gobierno guatemalteco mantienen intereses comunes. Incluso ha salido a la luz un frustrado plan para asesinarle. Precisamente el mes de abril entrante se cumplirán diez años del execrable asesinato de monseñor Juan José Gerardi, obispo guatemalteco que destacó por su incansable defensa de los derechos humanos.

 

*Homenaje de los Amigos de Guatemala

*La Guatemala de Fernando

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“Por cierto, tienes una cara que me recuerda a alguien…”

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Fallos judiciales

 

Cuando hace unos años al pederasta Santiago del Valle le preguntó un periodista a la puerta de un juzgado si había abusado de su propia hija, éste le espetó que antes de hacerlo con su hija se lo haría con otra. Semejante aseveración de este individuo, cuya presunta responsabilidad en la muerte de la pequeña onubense Mari Luz Cortés es cada vez más evidente, produce repulsión cuanto menos. Del Valle estaba en la calle pese a soportar sobre sus espaldas sendas condenas por abusos a menores: a su propia hija, cuando contaba con sólo cinco años de edad, y a otra niña, de nueve. Fue entonces cuando le retiraron a él y a su esposa la custodia de todos sus hijos.

Los titulares periodísticos lo achacan hoy todo a lo que apuntan lacónicamente como fallos judiciales. Esa cadena de despropósitos se cimenta en un sistema que hace aguas por todas partes. Del Valle se fue en 2006 con su mujer desde Sevilla a Gijón siguiendo el rastro de una niña de 13 años con la que contactó a través de una revista y haciéndose pasar por un adolescente. Allí la acosó y persiguió hasta que la familia de ella lo denunció. Aun cuando sobre él ya pesaban las susodichas sentencias y que un juez le eximió de entrar en prisión por no tener antecedentes firmes, sólo se decretó su alejamiento de la menor. Volvió a malvivir a Sevilla y luego se marchó a Huelva. Cuando desapareció Mari Luz, muchos ojos se volvieron hacia este extraño vecino sobre el que había mil y una habladurías. Visto lo visto, Del Valle cogió sus bártulos y se fue a Granada. Allí lo interrogó la Policía, pero lo dejaron libre porque no encontraron que tuviera deudas pendientes con la Justicia.

Ayer, cuando en un furgón policial lo trasladaron desde su último paradero, Cuenca, hasta Huelva para ser interrogado, una masa enfurecida quiso lincharlo. Se enfrentaron a los agentes que contundentemente defendían la integridad del presunto homicida. Entre esa gente no sólo había gitanos, etnia a la que pertenecía la niña muerta. También había muchos payos. Todos abominando de que un ser que se presume humano pueda haber acumulado el currículum delictivo que atesora ante las mismas narices de quien ha de velar por la seguridad de los individuos que componen la sociedad civil.

Original y copia

 

Casi nunca las copias superaron al original. Jamás la imitación a lo auténtico. Eso sí, hasta que llegaron los coreanos. Pera ésa es otra historia. La primera dama francesa, Carla Bruni, quien acompaña a su esposo, el presidente de la República, Nicolas Sarkozy, en viaje oficial al Reino Unido de la Gran Bretaña, acapara portadas con su porte a lo Jackie Kennedy. Eso se dice hoy. Pero uno piensa, ¡qué va! La mujer de JFK no precisaba de poses y puestas en escena pues ella, en sí, era un ser que por iluminar, lo iluminaba todo. Pocas mujeres pasarán a la historia en la forma y manera en que lo hizo Jackie. La Bruni, que sólo intenta imitarla hasta en el gorrito que corona su bella testa, es un postizo en la salsa rosa de la beautiful people. En una convulsa semana en la que salió a la luz la subasta en Christie”s, en Nueva York, de un retrato suyo, desnuda, realizado hace quince años por el fotógrafo suizo Michel Comte, el protocolo británico puso sobre el tapete que la mujer de tan alto mandatario tendría que acoplarse a lo políticamente correcto. De sobriedad habló el conservador Le Figaro en tanto Le Parisien se permitió aconsejarle hasta diez normas para no importunar a la soberana inglesa. Esto es: no hablar antes que la reina, evitar familiaridades, no hacer preguntas personales, no tocar a su majestad, no caminar ni fumar delante de ella, no vestir colores chillones, no quejarse, no levantarse de la mesa y no olvidar la reverencia. Y la Bruni, claro, se aplicó al cuento. Pero ni ella es Jackie, ni Sarko es JFK. Faltaría plus.

Desfile de ánimas

 

Recordando a Rafael Azcona 

Un paisano me acaba de regalar un documento excepcional. Se trata de un DVD que contiene, entre otras grabaciones, una película rodada en 1976 y en color sobre la Semana Santa de mi pueblo. Durará unos 20 minutos. Lo de menos son los desfiles que año tras año se suceden con aproximadas similitudes. Lo de más es ver a gentes que ya no están y a las que, incluso, en algún caso, habías ya olvidado. La fotografía y el cine nos sirven para refrescar nuestro cerebro. Y pasa que cuando contemplas imágenes como las que yo ví la otra tarde, sentado frente al ordenador portátil, junto a mi padre y mi hijo, se te hiela el alma. Hay un pasaje final en la película en el que se ve desfilar tras un trono a una serie de hombres, portando velas, antecediendo a las autoridades que encabezaban el alcalde de entonces y también el cura-párroco, entre otros. Es como si te transportaran a aquellos años (¡hace ya 32, ahí es nada!) cuando yo apenas tenía 13 y me aprestaba a finalizar mis estudios de lo que fue la Enseñanza General Básica.

La película, que se debió rodar en súper 8, es bastante elemental técnicamente, con un sonido aceptable y una iluminación algo deficiente. Pero es igual. Se ven las caras, los rostros de aquéllos a los que ahora recordamos porque, sin duda, algo aportaron a nuestras vidas. En ese desfile final de la cinta, alguno mira a cámara como siendo consciente de hacer un guiño a la posteridad. A mí, al menos, así me lo ha parecido. Escribí hace unos días un pregón para esa Semana Santa y lo hice antes de tener en mi poder esa película. En él recordaba los defiles de mi infancia y adolescencia. Y reconozco que mi ejercitada memoria recogió con bastante exactitud lo que la cámara me mostró esta semana.

No sé dónde estarán ahora algunos de los protagonistas de todo aquello. Quizá sus almas y sus espíritus nos sobrevuelen por el espacio interestelar. Yo, entre sueño y sueño, me imaginé la otra noche que ellos nos veían hoy tal y como somos, con nuestras grandezas y nuestras miserias, con nuestras virtudes y defectos, con nuestras ambiciones y frustraciones. Y no me pareció tan mal, oiga.

Calor en Oslo y en diciembre

 

Sorprendente. Cómo bailan los trajeados asistentes. Es la actuación emitida en su día por la televisión noruega de la banda estadounidense Earth, Wind & Fire, que intervino en el concierto en honor de los ganadores del premio Nobel de la Paz 2007, el ex-vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, y el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU, y que levantó de sus asientos materialmente a los presentes con la interpretación de su celebérrimo September. El concierto se celebró el 11 de diciembre de 2007, un día después de la entrega del galardón, en el Spektrum de Oslo.

Aquella gala estuvo presentada por dos actores estadounidenses, el duro Tommy Lee Jones y la siempre enigmática Uma Thurman.

En ese año, Gore y el IPCC, presidido por el indio Rajendra Pachauri (que ayer estuvo en Madrid), fueron distinguidos con el Nobel de la Paz por “construir y divulgar un mayor conocimiento sobre el cambio climático causado por el hombre y por fijar la base de las medidas que son necesarias para contrarrestar ese cambio”.

Ocurría que el cambio climático había llegado a la capital noruega, mediado diciembre, de la mano de estos músicos que ya hechizaban con su sentido rítmico en la década de los setenta del pasado siglo.