Diez años sin José Ramón Jara

Mediado este mes de diciembre se cumplirá una década de la muerte de José Ramón Jara Vera. En esta Región, pocos políticos han concitado tras de sí una opinión tan unánime. Jara ejerció, en sus últimos años, como vicesecretario general de la Ejecutiva del PSRM-PSOE y viceportavoz parlamentario en la Asamblea Regional. Pero, por encima de sus cargos y su militancia, José Ramón fue un tipo que mereció la pena conocer. Doctorado en Ciencias Químicas y Bioquímica por la Universidad de Murcia, abrazó la política desde la base, afiliándose muy pronto a las Juventudes Socialistas y siendo concejal en su pueblo, Ceutí.

De él puedo referir unas cuantas vivencias en común que dejarán patente su forma de ser. Una de ellas fue cuando tuvo que comparecer en mayo de 2007, en una triste noche electoral para la familia socialista, en la sede de la calle Princesa. El PP de Valcárcel les había vuelto a derrotar con contundencia en las urnas y los periodistas esperábamos que alguien apareciera por la sala de prensa para valorar los resultados. Nadie salía y fue Jara el que, una vez más, acudió a dar la cara. Con serenidad y aplomo, se situó ante los micrófonos, repasó posibles errores, reconoció la derrota y felicitó al ganador. Como cuando algunos meses después se me sinceró sobre el pacto que él mismo gestionó, entre el PSOE e IU, para desalojar al PP del ayuntamiento de su pueblo: “Fue un error, porque con los comunistas es imposible entenderse”.

Cuando en julio de 2007 asumí la dirección territorial de TVE en Murcia, quedé con él para comer. Otro, en su lugar, me hubiera intentado aleccionar con una loa sobre las maravillas, logros y éxitos del gobierno socialista de Rodríguez Zapatero. Nada más lejos de la realidad. Hablamos de lo divino y lo humano para, casi al final, tras desearme suerte en mi nuevo cometido, confiar en que mi gestión discurriera por los criterios de rigor y profesionalidad que se me suponían. Jamás intentó transmitirme consigna alguna.

Otro encuentro señalado con José Ramón fue durante una cena veraniega, en Ceutí, sentados en el porche de su casa, recordando nuestros orígenes y a nuestros padres, tan distintos y distantes de nosotros en la concepción de la política. Jara, uno de los hombres menos sectarios con los que me haya cruzado en mi vida, quien era capaz de reconocer la valía de alguien situado incluso en las antípodas de su militancia.

Es más que probable que, de no habernos dejado de manera tan prematura a los 45 años, la singladura del PSRM hubiera sido otra. Que José Ramón estaba llamado a dirigir el partido era un secreto a voces que todos intuían. Muchas veces, al recordarlo, lo he comparado con Luis Martín-Santos, aquel eminente psiquiatra vasco que, de no encontrar la muerte en un accidente de tráfico con escasos 40 años, pudiera haber liderado el PSOE de la Transición en detrimento del clan sevillano de los Felipe González y Alfonso Guerra. Martín-Santos nos legó ‘Tiempo de silencio’, una de las mejores novelas españolas del siglo XX. En ella hay un personaje que expresa lo que Jara pudiera pensar en voz alta si nos estuviera viendo ahora: “Solo aquí, qué bien, me parece que estoy encima de todo. No me puede pasar nada. Yo soy el que paso…”. Diez años sin José Ramón, ese amigo entrañable que resultó ser tan verdadero; el que, como dijera Camus, llegaba cuando todos se habían ido.

[‘La Verdad’ de Murcia. 7-12-2018]

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