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Buero Vallejo al teléfono

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Antonio Buero Vallejo hubiera sido centenario este 29 de septiembre. Hace casi 30 años, un mes de agosto, tuve el honor de entrevistarlo. Buero iba a ser homenajeado en la Muestra de Teatro de Cieza, pero finalmente no pudo venir. Yo, entonces, hacía un programa matinal en la radio y me propuse llamarlo por teléfono. En 1987, las guías telefónicas aún eran un elemento de valiosa utilidad para todos nosotros. Llamé a la Redacción de Madrid y un compañero me localizó su número. Buero estaba en Navacerrada. Marqué aquellos dígitos y me contestó una mujer. Pregunté por el dramaturgo, alguien que hacía poco tiempo había recibido el Premio Cervantes. Me lo pasó. Nunca pude imaginar que alguien de su talla tuviera esa condescendencia con un joven periodista. Comenzamos una charla que se inició reconociendo que “los premios siempre compensan y todo lo que sirva para fortalecer y consolidar lo que uno se ha propuesto, es una compensación. En cuanto al sufrimiento de la vida, pues como todo el mundo más o menos se chincha y sufre, tampoco hay que darle más importancia”, añadió.

Le pregunté si no era verdad que el autor produce con mayores dosis de calidad en la opresión que en la libertad. “No, yo no creo eso -me respondió-. Lo que sí creo, y es algo que he defendido siempre, es que el escritor, en general, puede crear con no menor dosis de calidad que en la libertad, en la opresión. Eso sí, que no tiene por qué ser menos cualificado su trabajo bajo la opresión, aunque quizá para ello se necesite más ingenio y astucia incluso; pero llegar a la afirmación ya extremada de que bajo la opresión se escribe mejor, no, eso yo no lo puedo suscribir”.

Entrado en faena, quise saber qué se siente cuando uno ha estado condenado a muerte. “Pues la verdad es que casi ya no me acuerdo porque, como hace tantos años, no lo sé muy bien, pero se debe pensar que el caso de las condenas a muerte, entre las que pudo estar la mía, es decir, por motivos políticos e históricos pero no por crímenes comunes”. Y añadió que “el ambiente, la atmósfera tanto individual como colectiva en que nos hallábamos por esta circunstancia era, en aquel tiempo ya muy remoto, firme y entera”. 

Continué interesándome por si, como en su caso, cuando se ha vivido tan intensamente, se contemplaban los ‘travestismos’ con especial sensibilidad. ‘Jueces en la noche’ (1979), una de sus obras, era un ejemplo. “Pero éste no es el problema singular del autor que se llama Antonio Buero ni tampoco algo especial de nuestra época -me respondió-. Éstas son las cosas que suceden en cualquier sociedad y en cualquier tiempo y éstas son las cosas que también, en cualquier momento, el teatro ha intentado desenmascarar y poner de relieve. Por lo menos, cierta clase de teatro que siempre lo ha habido. Como yo, modestamente, figuro en esa clase, pues claro que he afrontado el travestismo político y otras hipocresías como en su tiempo lo hizo Shakespeare o los griegos”.

Fue aquella entrevista, emitida en Radiocadena Española, una de las que uno no olvida fácilmente a lo largo de su vida profesional. Transcrita, se publicó en la contraportada de ‘La Verdad’ a mediados de agosto de 1987, gracias a la demostrada sensibilidad del maestro Pedro Soler.

[‘La Verdad’ de Murcia. 4-10-2016]

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