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Un relato de amor

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Hay quien asegura que a lo largo de nuestra vida sólo nos enamoramos una vez. Y hay también quien afirma que los amores más perdurables son aquellos imposibles. Borges, por ejemplo, se fue a la tumba reconociendo que esa había sido su gran asignatura pendiente: la de no haber conocido el amor.

Esta novela de Pascual Fernández Espín (Bullas, 1948) es fundamentalmente un relato de amor. Contiene también otros aditivos, como la intriga y el misterio, pero es fundamentalmente eso, una historia de segundas oportunidades entre Roberto y Elena, con el hilo conductor de unos jóvenes, Mauri y Elizabeth, y unas cartas que son el origen argumental de la trama. Todo ello, localizado en Pineda del Río, población ideada por Fernández Espín, pero que sitúa en un paraje concreto del Noroeste murciano, que él conoce muy bien. Es, como refiero en el prólogo de ‘Con el peso del recuerdo’, acaso una aproximación a la Vetusta de Clarín o no sé si incluso a la irreconocible y capitidisminuida Peñíscola de Berlanga en ‘Calabuch’.

Conocí al autor hace tiempo en tertulias televisivas que frecuentábamos. Un día me telefoneó para proponerme que prologara su novela. Acepté. Otro día compartimos un café para coordinarnos y, al avanzarme el argumento, salió a colación la deliciosa novela de Javier Cercas, ‘Soldados de Salamina’, que ambos habíamos leído. Es la historia del intento de fusilamiento de Rafael Sánchez Mazas, carnet número cuatro de la Falange, en el transcurso de la Guerra Civil. Y del intento de un periodista por localizar al soldado republicano que, tras la huída del dirigente falangista del pelotón en el monasterio gerundense de Santa María del Collell, lo encuentra, lo encañona mirándolo a los ojos, dejándolo escapar y, por consiguiente, perdonándole la vida.

Hacerme llegar el manuscrito se convirtió en tarea casi imposible. La tecnología se aliaba en su contra. Al final, el texto de más de 200 páginas me llegó completo. Lo leí durante este verano y redacté el prólogo solicitado, que la editora demandaba con la urgencia de un soldado.

“El resultado final de mi vida es la nada”, concluye el médico Roberto, separando su vertiente profesional, donde el éxito acaso le acompañó, de la personal, de balance desastroso. Un reencuentro provocado le permite implorar una prórroga al destino. Y quizá también entonar esa letra de Fito Cabrales, que expresa que el mejor de los pecados siempre será el haberte conocido.

 

*Resumen de la presentación de la novela, celebrada en el Museo Ramón Gaya de Murcia, el 22 de septiembre de 2016.

 

[Suplemento Literario del diario ‘La Opinión’ de Murcia. 1-10-2016]

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