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De Suárez y Gwendolyne

suarezjulio

Rara vez se habla mal de un finado. A los españoles nos va mucho eso de elogiar al muerto. Estos días, al inolvidable Adolfo Suárez, alguien lo ha querido subir a los altares sin ni siquiera pasar por la beatificación. La de estupideces que hemos tenido que escuchar y leer por quienes aseguraban haber vivido hasta experiencias extrasensoriales junto al duque. Y algunos, sin cortarse un pelo, rozando el patetismo.

Entre 1969 y 1973, Suárez ostentó la dirección general de RTVE, un lugar que ya conoció años atrás en los que había ocupado otros cargos de relevancia. El jefe de su secretaría de despacho fue un murciano, Matías Navarro Gómez, joven licenciado en Derecho que había entrado por oposición en la casa. Matías coincidió con aquel Adolfo Suárez treintañero, chulesco e impetuoso que, avalado por Fernando Herrero-Tejedor, anhelaba ser ministro. Mucho podría contarnos de aquellos tiempos en los que el abulense se empeñó en dar a conocer la figura de los futuros reyes a todos los españoles. Su obstinación se hizo aún más evidente cuando se negó a ofrecer, en directo, nada menos que la boda de la nieta de Franco con Alfonso de Borbón, también aspirante al trono.

La presencia de Suárez al frente de la radio y televisión públicas nos legó series y programas como ‘Crónicas de un pueblo’, que dicen le insinuó el mismísimo Luis Carrero Blanco; ‘Un, dos, tres… responda otra vez’, exitazo de Chicho Ibáñez Serrador; el innovador ‘Estudio Abierto’, con José María Íñigo, en la entonces UHF, o ‘Por tierra, mar y aire’, ese espacio dedicado a los ejércitos que le planteó su luego fraternal Manuel Gutiérrez Mellado.

Fueron años en los que se cimentaron las bases para lo que vendría después. Ello, a pesar de que se suponía que todo quedaría ‘atado y bien atado’. En el festival de Eurovisión de 1970, el equipo directivo de TVE apostó por una balada y nos representó en Ámsterdam un hierático Julio Iglesias, con la canción ‘Gwendolyne’. Quedó en un digno cuarto lugar, pero resultó evidente que, a partir de todo lo entonces vivido, para él, para Suárez, y supongo que también para Matías, la vida ya no siguió siendo igual. Ni ellos, acaso, ya fueron los mismos.

[‘La Verdad’ de Murcia. 3-4-2014]

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