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La mochila de Manu Leguineche

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Ryszard Kapuscinski creía que para ejercer el periodismo, ante todo, había que ser un buen hombre, o una buena mujer: buenos seres humanos, en pocas palabras. Concluía el reportero polaco que las malas personas no podían ser buenos periodistas. Para Kapuscinski, si se era una buena persona se podía intentar comprender a los demás, “sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias”. Y convertirse, añadía, de forma inmediata y desde el primer momento, en parte de su destino.

Manu Leguineche, fallecido recientemente a los 72 años, reunía todas estas cualidades, por lo que no es de extrañar la unanimidad generada en torno a su persona, no solo ante su desaparición sino mucho antes, que, al fin y al cabo, es lo importante. Hay una anécdota acontecida hace más de tres décadas que retrata muy bien al personaje. La he recordado estos días, con gran complicidad y agrado, por cierto, de todos aquellos a los que se la referí.

Luego de curtirse en mil batallas, en 1980, a Manu Leguineche le fue concedido el Premio Nacional de Periodismo. Tras hacerse público el fallo, por la noche, acudió a TVE, a la segunda edición del telediario, para ser entrevistado en directo. Se encargó de ello la que había sido su esposa hasta hacía poco, Rosa María Mateo, un auténtico icono de la televisión por aquellos años. Comenzó la entrevista con la normalidad que dictaban las preguntas de rigor hasta que, llegado un punto, la locutora inquirió al flamante galardonado: “Y dígame, ¿cuál ha sido el acontecimiento más importante que ha vivido usted?”. Manu contuvo la respiración, alzó la vista, miró a los ojos a su exmujer y le espetó sin dudarlo: “Haberte conocido, Rosa”. Ahí concluyó la charla, tras lo que una sorprendida y turbada presentadora de aquel informativo nocturno dio paso a la previsión meteorológica de la jornada venidera.

Alguien escribió una vez que después del amor lo más dulce era el odio. Sin embargo, y en eso coincidimos muchos, el rencor era ese sentimiento que no tenía cabida en la pesada mochila de un enorme periodista y mejor persona que fue Manu Leguineche, el jefe de la tribu.

[‘La Verdad’ de Murcia. 31-1-2014]

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