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Mari Trini, nuestra Édith Piaf

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No puede dejar de sorprendernos que una artista con el bagaje profesional de Mari Trini haya tenido en su tierra y como homenaje tras su muerte, ocurrida en abril de 2009, apenas una calle dedicada en su pueblo natal, Caravaca de la Cruz. Un año antes del óbito, la cantante fue premiada con motivo del Día de la Mujer por la Comunidad Autónoma de Murcia en reconocimiento a su lucha por la igualdad. Y hasta ahí, fin de la cita.

Mari Trini fue de ese tipo de personas que, en otros lugares del mundo, hubieran sido elogiadas y valoradas desde el recuerdo entrañable por una impecable trayectoria profesional repleta de éxitos, que estuvieron cimentados en un concienzudo trabajo de muchos años. Dicen que todo empezó cuando en plena adolescencia se cruzara en su vida el norteamericano Nicholas Ray, un hombre de cine por antonomasia, que debió ver en ella una suerte de diamante en bruto. La llevó a Londres, donde aquella joven quedaría deslumbrada por personajes de la talla de Peter Ustinov, James Mason o Marlene Dietrich, a los que tuvo la inmensa suerte de conocer. Sin embargo, y quizás porque Ray vislumbró que cantando en francés crecería como artista, Mari Trini recalaría en el París revolucionario donde bebió de las fuentes inagotables de los Brel o Brassens.

Regresó a España y en 1970 lanzaría su primer disco grande donde puso de manifiesto tanto su impronta como su madurez de compositora a unos escasos 23 años de edad. De esa época datan títulos tan reconocidos e intimistas como ‘Un hombre marchó’ o ‘Cuando me acaricias’.

Desde ese momento, la carrera de la artista estuvo jalonada de éxitos y reconocimientos por parte de un público fiel que casi la idolatraba. La propia SGAE la distinguiría en 2005 con un disco ‘multidiamante’ por haber conseguido vender a lo largo de su trayectoria la nada desdeñable cifra de más de diez millones de copias.

En 2007, durante un acto del colectivo de profesionales de radio y televisión de Murcia al que asistió, tuve el honor de dedicarle un premio que recogí en nombre de TVE. La definí entonces como ‘nuestra Édith Piaf’. Al bajar del escenario, me lo agradeció cariñosamente. Nunca pensé, cuando dije aquello, que su memoria se honraría en su propia tierra con una indiferencia que pasma. Pero ya se sabe cómo las solemos gastar por aquí.

[‘La Verdad’ de Murcia. 9-1-2014]

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