Virolas

Provincianos e indolentes

Yo creo que al escritor más enorme que hemos tenido en la Región de Murcia, Miguel Espinosa, le asfixiaba tanto el carácter provinciano de su tierra que por eso, y aunque apenas saliera de su entorno, impregnó su obra de universalidad atemporal. Si este eximio novelista hubiera vivido en estos tiempos, a buen seguro que su pluma habría estado certera para escudriñar los defectos del paisanaje y de los que lo gobiernan.

Parece que la madre naturaleza, en poco más de año y medio, ha querido descargar su furia contra cierta parte de este rincón de España. Al devastador terremoto de Lorca, en mayo de 2011, suceden ahora unas inundaciones que no por esperadas resultan menos trágicas. La muerte ha vuelto a dejar su tarjeta de visita, trufada con episodios de heroísmo, como el de ese albañil que pereció intentando salvar a una criatura. A lo que se ve, durante todos esos años en los que el cemento fue sustento de tantos y de tanto, poco se debió utilizar el mismo para prevenir riadas tan imponentes que aún siegan vidas y haciendas. Uno de los detalles que para casi nadie pasa inadvertido ha sido el hundimiento de un puente en la autovía A-7, la que une la ciudad de Lorca con Puerto Lumbreras. Poco, o más bien nada, se ha explicado sobre lo sucedido por quienes debieran poner negro sobre blanco en la materia. Cuesta creer que una obra de esas características se vaya abajo con la facilidad que lo hizo. Por fortuna, no hubo víctimas en ese derrumbe, si bien podríamos calificar de milagrosa esta circunstancia, como queda patente en la fotografía.

Las autoridades, presentes en la zona, han visto el lodo y el barro. Y lo han olido. Eso seguro. Esas aguas desatadas han constituido un plus de desgracia para muchas gentes que intentaban rehacerse. Algunos, lo han perdido todo. Y ya hemos vuelto a oír eso de que no se escatimarán esfuerzos para ayudarles. Al escuchar esto, no se me ha ocurrido otra cosa que pensar en buena parte de los damnificados por los terremotos del 11-M. Quizá es que haya quien aún nos vea tan provincianos e indolentes,  que nos intente conformar contándonos todo tipo de historietas, como las que se les narran a los niños para que dejen de joder con la pelota.

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