Virolas

Un dilema llamado Llorente

 

 

A comienzos de la década de los 90, un joven jugador formado en la cantera de Lezama se abría paso en la elite del fútbol español: se llamaba Julen Guerrero. La eclosión de este futbolista en el panorama nacional fue espectacular. A su indudable calidad técnica se unía su imagen de estandarte de un nuevo Athletic. Pronto comenzarían a interesarse por él clubes no solo españoles sino también extranjeros. La Juventus de Turín sería una de ellos. Tras varios intentos, Julen optó por quedarse en Bilbao. Quizá aquella decisión condicionaría su carrera, que experimentó un preocupante declive en sus últimas temporadas. Se hizo un habitual del banquillo no solo con uno sino con varios técnicos rojiblancos. Sin embargo, la afición nunca olvidaría aquella determinación respecto a unos colores adoptada por el de Portugalete.

Fernando Llorente es otro producto de la cantera de Lezama, donde han transcurrido los últimos 17 años de su vida. El espigado delantero centro llegó al primer equipo en 2005 cuando Ismael Urzaiz era aún el referente arriba. En el declive del navarro, se hizo con el puesto, a lo que ayudaría también la venta de Aritz Aduriz al RCD Mallorca. Llorente ha sido en todo este tiempo santo y seña del club vasco. El salto a la selección nacional, donde casi nunca ha sido titular, reforzó su imagen en el exterior. Varios clubes de la Premier League pusieron el ojo en él, ya que sus características eran bastante coincidentes con el estilo de fútbol inglés. A Llorente también le ha echado las redes últimamente la Juve, como a Julen Guerrero en su día. El problema es que la oferta económica de los de Turín apenas alcanza la mitad de su cláusula, fijada en más de 36 millones de euros. El presidente del Athletic, Josu Urrutia, ya ha manifestado que no lo venderán por menos de ese dinero, ya que hacerlo sentaría un precedente nada recomendable de cara al futuro. Urrutia se arriesga con ello a que en junio de 2013 el jugador abandone San Mamés de forma gratuita.

Y en esas estamos. Con un jugador que ha manifestado que se quiere marchar, una afición que asiste atónita al espectáculo y una directiva que se mantiene erre que erre. No parece muy recomendable que en esas circunstancias Llorente rinda demasiado en ésta ya inminente temporada. Más bien serán varios los factores que jueguen en su contra y uno de ellos, sin duda, la grada de La Catedral. Pero vender a su icono por 12, 14 o 16 millones tampoco resultaría muy edificante ante la mirada de la chiquillada de Lezama, entre la que ha de haber algún que otro Guerrero o Llorente en ciernes. La solución es complicada. Urrutia hablaba de un golpe a la línea de flotación del club, en el que aún perdura la filosofía fundacional de jugar con futbolistas vasco-navarros. El caso Llorente puede ser un punto de inflexión en un año en el que ha vuelto al equipo, quizá para cubrir su sospechada vacante, alguien que en su día se marchó por imperativo del club y no por decisión propia. Se apellida Aduriz, es un consumado goleador y a buen seguro que dará muchas alegrías a los hinchas del Athletic, un tanto alicaídos ahora por el episodio veraniego protagonizado por un gigantón recriado en Rincón de Soto.

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