Virolas

Verdades, mentiras y encuestas

Antonio Garrigues y Díaz-Cañabate solía decir que en la vida había verdades, mentiras y luego encuestas. Siempre refiero su celebérrima frase cuando ocurren cosas como las acaecidas este domingo en Andalucía. Los estudios demoscópicos se han dado un planchazo ante unos resultados electorales no contemplados por sus propios analistas. Todo hacía indicar que el PP obtendría una mayoría absoluta, algo impensable hace unos pocos años en una comunidad que siempre ha estado gobernada por el PSOE, o que al menos la tocaría con los dedos. Y, una vez hecho el recuento, a los populares les faltaron hasta cinco escaños para alcanzarla. No es la primera vez que las encuestas se dan un costalazo como éste. Y uno no sabe muy bien si es que los encuestados mienten a sabiendas o es que la cocina de esos trabajos no está bien condimentada.

Pero volvamos al patriarca de la saga de los Garrigues, un hombre con una vida tan apasionante como dura. Antonio Garrigues fue un caso extraño en la política nacional, ya que fue capaz de ocupar cargos de responsabilidad en tres etapas completamente distintas de la historia de nuestro país: la Segunda República, el franquismo y la recobrada democracia. Comenzó su andadura política en el primer gobierno republicano al ser designado director general de Registros y Notariado por el ministro de Justicia de la época. En 1962 fue nombrado embajador de España en los Estados Unidos de América y allí tuvo la oportunidad de forjar su amistad con los Kennedy. Tras permanecer un par de años en esa legación diplomática, fue trasladado a la de la Santa Sede. En 1975, tras la muerte de Franco, el Rey nombra su primer gobierno y Garrigues se incorpora al mismo como ministro de Justicia.

Antonio Garrigues y Díaz-Cañabate fue un hombre de talante renovador en aquellos años de tintes grisáceos en los que se ejercitó en el servicio público. Murió centenario, tras una azarosa vida no exenta de reveses ingratos como lo sería enviudar aún joven y con ocho hijos a su cargo. Siempre recuerdo su frase cuando las encuestas se estrellan. Y es que él, que tanta experiencia había aglutinado con su peregrinaje vital, algo sabría del asunto cuando ponía en tela de juicio su presunta infalibilidad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s