Diario

Diario de un prodigio (LXXVII)

[14-2-2012]

Decían de Chet Baker que cada vez que tocaba la trompeta daba la impresión de que sería la última. Su definitiva actuación se produjo en la habitación de un hotel de Ámsterdam, desde cuya ventana se precipitó al vacío en 1988. La heroína fue horadando el alma de este genio del jazz. Tenía 59 años ya bastante gastados. Estos días me he acordado de este músico excepcional por causa de otra muerte no menos inopinada.

[13-2-2012]

‘El pasado es lo que recuerdas, lo que imaginas recordar, lo que te convences en recordar, o lo que pretendes recordar’. Harold Pinter

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A la madre de Einstein también le dijeron que no haría carrera de su hijo. A la británica Kristin Scott Thomas, una profesora de interpretación en Dorset le espetó que mejor buscase otro oficio. Cruzó el Canal de la Mancha y arribó a Francia. Allí comenzó su eclosión. La vi en El paciente inglés y lo mejor que he leído de ella es que su personaje fundía la frialdad de Greta Garbo, la sensualidad de Marlene Dietrich y los huesos de Carole Lombard. Lo sorprendente es que aquella película obtuviera nueve Oscars y que ella se quedara a las puertas, no solo de tan apreciada estatuilla sino también de los BAFTA y los Globos de Oro.
Hace algún tiempo le preguntaron en una entrevista por sus hijos. Respondió hablando de su mayor reto como madre: “Mi reto es que, cuando cumplan los 20, no tengan que ir al psiquiatra para hablar de mí”. Elegante hasta para eso.

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La primera vez que lo escuché por la radio, me dije que yo quería ser como él. La voz en un locutor es su personalidad, sin duda, y la de Ángel Álvarez era extremadamente singular. Tan sofisticada como sus vastos conocimientos musicales. Y tan sonora, como los discos tan formidables que nos pinchaba. Con él aprendimos muchos a amar la radio, y también la música. Nos acercó a los Beatles, a Dylan, a Pete Seeger o a los Everly Brothers. Hoy, que se celebra el Día Mundial de este medio al que tanto debemos algunos, me he acordado del pionero Ángel Álvarez, fallecido en 2004, como también lo hago de tantos compañeros que me enseñaron el oficio, cuando me adentraba timorato en el proceloso mundo de las ondas. No los olvido.

[12-2-2012]

Whitney Houston cabalgó en su agitada vida sobre un potro desbocado que, al final, la tiró con saña antes de sortear el penúltimo obstáculo.

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