Virolas

Aquella rueda de corresponsales

Recuerdo una noche entrañable, en una cafetería que hoy ya es historia, escuchando contar a alguien los entresijos de la rueda de corresponsales que Victoriano Fernández Asís coordinaba desde Prado del Rey para Radio Nacional de España. Confieso que pasé uno de los momentos más gratos de mi vida oyendo a aquel extrabajador de Telefónica, confidente desde la mesa central que los conectaba, relatar las conversaciones previas que el veterano periodista mantenía con jóvenes profesionales como Jesús Hermida, Pedro Wender, José Antonio Plaza o Cirilo Rodríguez. Refiero esto al cumplir la radio pública 75 años de vida en nuestro país. Y lo cuento porque ya entonces –hablo quizá de hace unas tres décadas–, uno soñaba con trabajar algún día en ella. Y aquel sueño se cumplió. Confieso que si a un medio debo mi bagaje profesional es a la radio y, especialmente, a RNE donde pasé, posiblemente, los mejores años de mi vida laboral. Allí ocupé diversas responsabilidades y conocí a enormes profesionales de los que aprendí cuanto sé y de los que aun hoy me vanaglorio de conservar su amistad. La radio creció conmigo –o yo con ella– y me enseñó a ser mejor persona. También a vislumbrar las cosas desde otro prisma; a interpretar que todo no es blanco o negro y que existen los tonos grises. Y los claroscuros. Me enseñó a ser más tolerante y respetuoso. A vivir en una sociedad en la que se defiendan los derechos y deberes de todos y cada uno de sus ciudadanos. Tras el 23-F, a valorar lo que es vivir en libertad. Y a ver la muerte de cerca, en primera persona, como cuando tuve que cubrir informativamente hechos luctuosos. RNE ha sido la escuela de tanta gente, la auténtica cantera del radiofonismo como en el plano privado lo ha sido la Cadena Ser. Sigo levantándome cada mañana y, mientras me afeito, escucho con devoción sus informativos, en los que me formé. No sé si lo hago por aquello que se llama deformación profesional. Lo que sí me viene a la mente es que, a esas horas, cuando despunta el alba, mi padre hacía lo mismo. Y hoy, que ya no está, quizá sea mi peculiar forma de agradecerle que me instruyera en eso como en tantas otras cosas en esta vida.

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