Virolas

Zurrando la badana

Las elecciones generales celebradas ayer en España reiteran bien a las claras que, desde la restauración de la democracia, en nuestro país, los partidos, más que ganar unos comicios, los pierden. Le ocurrió a la extinta UCD a comienzos de la década de los 80. Le pasó al PSOE de Felipe González, desgastado por el ejercicio del poder durante 14 años, mediados los 90. También al PP de Aznar, cuando la mala gestión de la tragedia del 11-M truncó la sucesión de Mariano Rajoy en 2004. Y ahora, este 20-N, le ha pasado al PSOE de Zapatero y Rubalcaba, al que la crisis y otras lindezas le han sumido en la más absoluta de las debacles electorales.

El panorama que se avecina para los ganadores no es nada alentador. Quizá uno de los rasgos más significativos es que la victoria no se haya celebrado como en otras ocasiones. Como botón de muestra, bastaba verle la cara a la esposa de Rajoy en el balcón de Génova. Si, como en los tebeos, pudiéramos adjuntarle un globo con un texto a su rostro, este sería algo así como: “La que se nos viene encima”.

La cosa está difícil. Harto difícil. Fundamental será en la tarea que todos arrimemos el hombro para sacar esto adelante. Y visión de Estado, mucha visión de Estado es lo que deberán tener nuestro próceres.

Otro tema que como el Guadiana aparece y desaparece cada vez que hay elecciones es la injusta ley electoral que padecemos. UPyD, el partido que lidera Rosa Díez, ha superado holgadamente el millón de votos, obteniendo solo 5 diputados. Por contraste, Amaiur, la coalición de la izquierda abertzale, con poco más de 330.000 sufragios, tendrá 7 escaños en la Carrera de San Jerónimo y grupo parlamentario propio. El PNV, con 323.000 votos, también tendrá 5 diputados. O los nacionalistas catalanes de CiU, que con algunos votos menos que UPyD, alcanzan los 16 escaños. ¿Alguien lo entiende?

Dicho esto, habrá que otorgarle al nuevo Gobierno, al menos, un plazo razonable para que exhiba sus artes de cara enderezar el perdido rumbo de la nave. Es lo mínimo exigible. Sobre todo en un país donde, apenas minutos después de conocerse los resultados electorales, ya estaban algunos zurrando la badana al ganador sin tiempo apenas para el resuello. Como dijera Ortega y Gasset, solo cabe progresar cuando se piensa en grande y solo es posible avanzar cuando se mira lejos. Y es que, los españoles, por tradición, somos gentes incorregibles.

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