Virolas

El cantante con un hilo de voz

Un hombre casado, en la Italia de los sesenta, cae seducido por una joven aspirante a actriz. En el bagaje sentimental del individuo va de antemano un matrimonio y un romance. Del segundo sale la fuente de inspiración de algunas de sus más bellas creaciones. Y de la locura con la menor de edad, un embarazo, que corre paralelo al de su mujer, su historia oficial. El hombre sucumbe en el submundo del alcohol y las sustancias prohibidas. Para vivir en esa desazón perpetua, lo mejor es quitarse de en medio, concluye. Coge un arma y se dispara. Por suerte para él, la bala se le incrusta en el pecho y no hace impacto en el objetivo deseado: su corazón.

No es de extrañar que la vida de este singular personaje haya estado salpicada de apariciones y desapariciones sorprendentes. Daba la impresión de que sus clamorosas retiradas iban ligadas a sus momentos álgidos. Tampoco que, a lo largo de todos estos años, haya compuesto algunas de las canciones que sin duda formarían parte de la banda sonora de nuestro afanoso existir. Bebió en las fuentes de jazz y de la chanson française. Militó y ejerció en uno de los extremos de la balanza de la política.

Hablo de Gino Paoli (Monfalcone, 1934), el hombre que enamoró a Ornella Vanoni y Stefania Sandrelli, que tuvo cuatro hijos con tres mujeres, que compuso Sapore di sale, Senza fine, Il cielo in una stanza, Questa lunga storia d’amore… De quien alguien dijo un día que, posiblemente, no tuviera voz para ser cantante.

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