Diario

Diario de un prodigio (LXXII)




Fue la otra noche cuando, dando vueltas en la cama en terca pelea con el insomnio, pergeñé mentalmente el texto que ahora tienen delante. Recordaba entonces cómo y cuándo empecé a leer diarios. Los periódicos llegaron a mi vida en una barbería, que es como en aquellos años se llamaba a las peluquerías de hombres. En aquel local nos arracimábamos los jovenzuelos ávidos de leer la sección de deportes del diario provincial del Movimiento, Línea, (del que años después, ya con la democracia, yo llegaría a ser corresponsal) y que era al que estaba suscrito el barbero. Siempre pedíamos permiso, por si algún cliente quería hacer uso de él, y si no era así, nos sentábamos en el portal de la barbería y comenzábamos la ceremoniosa lectura. Lo hacíamos indefectiblemente abriendo las páginas por la sección de deportes y, en especial, por las noticias de fútbol. Solíamos leer muchas veces de dos en dos, como para ir aligerando. Pasaba que, en ocasiones, llegaba alguien a cortarse el pelo, afeitarse o arreglarse la barba y precisaba lectura. El barbero salía y nos reclamaba el ejemplar, ante nuestro disgusto porque andábamos enfrascados en la crónica del partido de nuestro equipo del alma jugado el día anterior.

Me costó tiempo perder esa costumbre de abrir los periódicos por la sección deportiva. La verdad es que en aquellos días lo hacíamos porque lo demás apenas nos interesaba, sumidos como estábamos en una país donde se hablaba con unos tecnicismos que a nosotros se nos escapaban: democracia orgánica, leyes fundamentales, Consejo Nacional del Movimiento…

Nuestra pasión por el periodismo deportivo iba más allá: a comienzo de los años 70, el diario As comenzó a editar una revista semanal que denominó As Color. Los periódicos de entonces eran en blanco y negro, impresos con una tinta que manchaba y ennegrecía la yema de los dedos y, para la chiquillería, aquella publicación se convirtió en un referente de culto. Recuerdo que llevaba un póster central con los equipos de Primera División. Quizá por aparecer en orden alfabético, el primero que salió a los quioscos fue el del Athletic de Bilbao, mi equipo de toda la vida, con tan mala suerte que no pude conseguir aquel preciado número. A partir del segundo, que debió contener el póster del Atlético de Madrid, comencé una frenética colección, semana a semana, uno tras otro. No recuerdo su precio, pero mi exiguo presupuesto me lo permitía.

Tras el bautizo periodístico de la barbería, el siguiente local donde podíamos leer la prensa fue el casino del pueblo. Como la mayoría de nuestros padres eran socios, a nosotros nos dejaban usar su zona de lectura, siempre que no resultáramos conflictivos. Si un socio te pedía el periódico que estabas leyendo, tú se lo dabas sin rechistar. Allí teníamos a nuestra disposición los diarios provinciales La Verdad y el mencionado Línea, junto a los nacionales ABC y Pueblo. Y también revistas, como Blanco y Negro. El problema es que la prensa de Madrid llegaba un día después de editarse, por lo que el martes leíamos el periódico del lunes que, a su vez, traía la crónica de lo acontecido el domingo. Pero así eran las cosas en aquellos años e, incluso, casi diría que a todos nos parecían normales.

Cuento todo esto debido a que me da la sensación de que los jóvenes de hoy –y ya no digo los niños, como yo era en esas fechas que menciono– no leen apenas prensa. Internet, los videojuegos, la televisión y otras formas de entretenimiento, los mantienen alejados de un medio que fue para muchos de nosotros la mejor escuela para, por ejemplo, aprender a escribir. Y es una pena que eso sea así. Mas, ahora que lo pienso, nunca agradeceré lo suficiente la afición que por la lectura adquirí en aquel portal de aquella añeja y curtida barbería de pueblo o en los sillones de skay de un casino en cuyo ambiente se entremezclaban los olores de los humeantes farias con los cargados carajillos.

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Un comentario sobre “Diario de un prodigio (LXXII)

  1. Apreciado Manolo cuanta razon tienes. La lectura es fundamental para la formacion de una persona. Y med pregunto ¿no sera que interesara a los “poderes ocultos” que cuanto menos se lea mejor….?

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