Virolas

El periodismo era otra cosa

Desde que un día determinados asesores en materia de comunicación asumieron que ellos controlarían a su antojo el flujo informativo, el periodismo dejó de ser lo que era hasta entonces. En el momento justo en el que los gabinetes de prensa comenzaron a inundar las redacciones de comunicados intoxicantes y los medios a aceptarlos como trabajo hecho, la razón de ser del periodista pasó a un segundo plano. Luego llegarían los cortes de voz, editados para las emisoras de radio, y tras ello también los vídeos.

Mucha gente, ajena al mundanal ruido periodístico, se ha sorprendido estos días al saber que RTVE introducirá en su próximo libro de estilo una serie de normas de funcionamiento informativo. Una de las que más ha llamado la atención ha sido la determinación de no proseguir con una moda o costumbre imperante en la última década: que las conexiones en directo para las televisiones, en incluso las informaciones, en campaña electoral, se hagan con la imagen que proporcionan y editan los propios partidos políticos. Es ésta la antítesis de todo periodismo que se precie, por la que se tiende a domesticar a los profesionales con el beneplácito de sus empresas audiovisuales, alborozadas ellas por atemperar gastos a la hora de dar cobertura a las siempre costosas campañas previas a unas elecciones.

La intoxicación a la que a diario se somete a los medios de comunicación puede llegar a ser tremenda. Fue primero mediante sobre o mensajero, luego vía fax, y ahora a través del correo electrónico, como se inundaba a éstos de notas interesadas procedentes del ávido emisor. A ello habrá que añadir que, en el e-mail, se adjunta el corte de voz del protagonista en el que, por lógica, dice lo que quieren que diga en las antenas de las radios. Y nada más. Y nada menos.

Para añadir más leña al fuego informativo, de un tiempo a esta parte se ha popularizado una nueva modalidad de comparecencia pública: las ruedas de prensa sin preguntas, en las que un portavoz se sube al estrado, lanza su soflama y se marcha sin atender a cualquier cuestión que le pueda plantear el periodista de turno. La más reciente y vergonzante comparecencia la protagonizó hace sólo unos días el ínclito presidente del Gobierno italiano, Silvio Berlusconi, durante la visita de su homólogo español. Como Il Cavaliere no quería preguntas, presentó a Zapatero como a un santo [acababa de ser recibido por el Papa] e hizo mutis por el foro.

Ojalá que las intenciones del anunciado libro de estilo de RTVE se vean cumplidas y que, como un reguero de pólvora, cuajen en los demás medios de nuestro país. Y me alegro de que haya sido el mío, un medio de comunicación de carácter público, el que dé el primer paso en ese sentido. Porque, convendrán conmigo, hay que parar esto de alguna forma y de una vez por todas.

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