Virolas

Compartir tras deshacer

Fue durante el reencuentro fraternal de tres amigos, casi inseparables en la infancia, cuando uno de ellos dijo aquello de que el matrimonio era como una lotería. Ya venía barruntándomelo tiempo atrás, y no diré que me alegrara de que alguien lo corroborase. Cada día es más difícil convivir. No sé si ello se lo debemos al mundo que nos envuelve, al arrebato que nos arrolla o a la prisa constante que nos acorrala. Lo cierto es que las parejas se disuelven cada vez con más celeridad, sin tiempo casi para conocerse. Quien tiene pareja, tiene un tesoro, podría decirse ahora, a tenor de cómo va el asunto. Saltamos de sorpresa en sorpresa, y te enteras que hasta una, a la vuelta del viaje de bodas, decidió deshacer el poco camino andado y dijeron aquello de tú a tu casa y yo a la mía, como si nunca hubiera ocurrido nada. Los paganos, los grandes paganos de esas situaciones, suelen son los hijos, convidados de piedra al banquete de la desunión de sus progenitores.

Yo no sé si la solución será la custodia compartida para estos casos, tal y como se está planteando ahora en comunidades autonómas como la aragonesa. Imagino que a ella se agarrarán con ahínco los padres –y madres– a los que ver con asiduidad a sus descendientes les resulte un gesto ímprobo cuando no imposible. Pero me da el pálpito de que ese tipo de conciliación debiera circunscribirse a quien, pese a la separación, mantiene un trato civilizado y nunca rayano en la guerra sin cuartel. Que los niños se trasladen periódicamente de un domicilio a otro, dicen los psicólogos, es lo de menos, pues se adaptan camaleónicamente y con versatilidad a tales mutaciones. Lo peor siempre será convertirlos en mercancía para intentar sacar réditos espurios en donde nunca hubo acaso una pizca de cordura.

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Un comentario sobre “Compartir tras deshacer

  1. El establecimiento de la CC como punto de partida, que no como obligación, permite que no haya privilegios, que no haya una parte que pueda vetar a la otra para el cuidado de los niños. Hasta hoy (salvo en Aragón), las más de las veces la madre dispone del poder de vetar al padre alegando que se llevan mal, sea verdad o mentira. Y el padre queda fuera de juego, sin más, porque así lo decide la madre.

    Con la CC como norma preferente, se elimina el derecho a veto para la madre, mas no el hecho de que será el juez, al final, quien determine qué es lo mejor para el niño, a falta de acuerdo entre los padres. Porque, a falta de ese acuerdo, nadie mejor que un juez, que se supone docto y experimentado, que está ahí para aplicar la ley con el mejor criterio posible, para resolver los desacuerdos de las partes.

    Por tanto, la CC preferente (que no obligatoria, insisto), como se ha establecido en Aragón, es el mejor punto de partida posible, donde no se prejuzga a las partes, donde no se concede a nadie la capacidad de vetar al otro, donde quien quiera seguir cuidando de sus hijos deberá demostrar que es capaz, que es responsable y maduro y, llegado el caso, lo bastante responsable y maduro como para compartir una custodia.

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