Virolas

El albergue número 13

Se estima que entre 60 y un centenar de indigentes viven a diario en las inmediaciones de la T-4 de Barajas, esa tremenda mole aeroportuaria. Son seres como usted y como yo, a los que la vida les jugó alguna mala pasada en el transcurso de los días. Todos tienen su historia, más o menos rocambolesca, más o menos creíble, más o menos justificada.

Cuentan los trabajadores del aeropuerto madrileño que la presencia de estas personas en sus instalaciones es el baremo exacto de cómo está la situación laboral en el país. No es de extrañar que añadan, con cierta sorna, que Barajas se ha convertido en el décimo tercer albergue social de la capital de España.

Un diario se ha ocupado de indagar en varias historias negras de estos hombres y mujeres. Todas acaban en un pozo ciego: el de la soledad del perdedor. Son casuísticas a la vez parecidas y diferentes. ¿En qué momento se les torció el destino? No sabrían decirlo exactamente, pues la adversidad les sobrevino en cascada. Y, ¿qué esperan? Nadie lo sabe. Quizá que la cosa cambie y, con esperanza infundada,  que escampe el temporal.

Alguien apunta con la solemnidad del experto en algo que estas gentes tienen un perfil, a veces, complicado. Quién lo diría. Con lo a gusto que se debe estar con la casa a cuestas, deambulando por la T-4, como Viktor Navorski, aquel curioso personaje al que daba vida Tom Hanks en La Terminal. Es para troncharse.

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