Virolas

El ‘ghostwriter’ Jon Favreau

Entre bambalinas, el senador por Illinois, Barack Obama, ensayaba el trascendental discurso que debía pronunciar en la convención del Partido Demócrata en Bostón y que, a la postre, le catapultaría como serio aspirante a la Casa Blanca. Aquel día, el hoy presidente norteamericano, hacía las funciones de telonero. No en balde, la estrella era John Kerry, que se medía al republicano George W. Bush, quien buscaba un segundo mandato. Obama leía y releía en voz alta sus papeles. En esto, un joven se le acerca para decirle algo: “Sería conveniente que cambiara esa frase, porque es reiterativa”, le sugiere. El senador se para, le mira y casi no sale de su asombro. “Pero, ¿quién es este tío?”, debió preguntarse.

Era julio de 2004, en el emblemático Massachusetts kennedyano. Allí nació una profunda amistad plasmada en la estrecha colaboración de dos hombres: Barack Obama, que tenía ya puesta la mirilla en dirección a la diana presidencial, y Jon Favreau, un chico de apenas 23 años, recién graduado en Ciencias Políticas en la Universidad Holy Cross de Worcester.

Tras la derrota de Kerry, el joven Favreau volvió a los Starbucks, donde se le podía ver asiduamente navegando con su ordenador, en animada charla con sus amistades. Hasta que recibió una llamada: la de Robert L. Gibbs, coordinador de la campaña Obama 2008. “¿Quieres trabajar con nosotros?”, pudo ser la pregunta. Y “¿Cuándo empezamos?”, la sonora respuesta de un tipo tan sorprendido por estar predestinado a ser un ghostwriter. Jugando con las palabras, pasó a ser el negro (término acuñado para quien escribe para otros) del primer candidato negro a la más alta instancia de los EE UU.

Jon Favreau, o Favs en su entorno, pasó a ser el redactor de los discursos del candidato, el Speechwriting Director. De su ordenador salieron frases tan redondas como el archiconocido Yes, we can, intrínsecamente unido a la carrera presidencial del político afroamericano.

Durante una entrevista, Favs no tuvo empacho en reconocer su admiración por Peggy Noonan, quien escribió discursos al republicano Ronald Reagan, así como por Michael Gerson, que los redactaba para el ex presidente George W. Bush. De ellos, dijo, aprendió mucho. Es, quizá, el rasgo distintivo de la política norteamericana respecto a la que se practica en otros lugares del planeta. Ese fair play para reconocer el mérito al rival, aun cuando éste se halle en las antípodas de nuestro pensamiento y nuestras más hondas convicciones.

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