Diario

Diario de un prodigio (LXVII)

En ese pozo insondable de sabiduría que entraña El Quijote, hay un pasaje en el que el caballero de la triste figura refiere a su escudero:

“Eso me parece, Sancho —dijo don Quijote—, a lo que sucedió a un famoso poeta destos tiempos, el cual, habiendo hecho una maliciosa sátira contra todas las damas cortesanas, no puso ni nombró en ella a una dama que se podía dudar si lo era o no; la cual, viendo que no estaba en la lista de las demás, se quejó al poeta diciéndole que qué había visto en ella para no ponerla en el número de las otras, y que alargase la sátira y la pusiese en el ensanche: si no, que mirase para lo que había nacido. Hízolo así el poeta, y púsola cual no digan dueñas, y ella quedó satisfecha, por verse con fama, aunque infame.”

Valga, a modo de conclusión del mencionado episodio, la expresión aquella de que hablen de uno aunque sea mal. Es lo que solía decir, como habitual recurso, alguna folclórica disoluta y también algún torero licencioso.

A lo largo del devenir público, nos encontraremos con gentes que hacen bandera de ello. Y no es cuestión de pretender en esta vida que cuanto hagamos deba tener una repercusión exagerada al tiempo que explosiva.

En mi ciudad, la trasera de algunos autobuses urbanos ha sido decorada con una estampa singular. Se trata de un collage en el que a la cabeza de la reina Mariana de Austria, la que pintara con su inimitable trazo el genio velazqueño, se le añade un cuerpo desnudo que, por evidencia, no es el suyo. Si el objetivo era la polémica, la misma está servida. Y no ya por cuestiones más o menos feministas, que haberlas puede haberlas, claro, sino por una mera interpretación del buen gusto.

Ante las críticas a la actuación mentada, el máximo responsable de la campaña se desmarca con epítetos rayanos en el insulto: “mojigatos, arcaicos, incultos…” es lo que llama a los que osan criticar la propuesta, que podrá gustar o no, digo yo.

Hay un blog, Tipically-Spanish’ se denomina, en el que los ingleses pueden leer cosas sobre nuestro país. Y hasta allí ha llegado el tema. Mientras por aquí andamos buscando la modernidad y el vanguardismo a todas horas, por otras latitudes seguro que se asombran con nuestro genuino proceder. Son cosas de España y de los españoles, se dirán ellos. Menuda la que lían cada dos por tres para ser gustosa carnaza de los ávidos mass media. Dios, qué cruz.

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