Virolas

Una estampa del Folies

Douce France / Charles Trenet

Espero en el próximo puente recalar por sus inmediaciones. Ya nos han dispuesto un hotelito al efecto, a sólo unos pocos metros de tan entrañable local. Se cuenta que para alejar el mal fario, los títulos de los espectáculos que pasaban sucesivamente por el Folies Bergère solían tener trece letras, como las que contiene el nombre del afamado edificio de la parisina calle Richer, 32.

Por su escenario ha desfilado la quintaesencia del music hall a lo largo de sus casi 140 años de existencia. Desde Joséphine Baker a La Bella Otero. Desde Charlie Chaplin a Maurice Chevalier. Desde Fernandel hasta Yves Montand. Desde Édith Piaf a Frank Sinatra. Y allí empezó un día a interpretar Charles Trenet.

Contemplando su fachada de los años 30, uno se imagina la de historias que albergó en su interior. Y observando con detenimiento el cuadro que inspiró al maestro impresionista Edouard Manet, La barra del Folies, uno entiende que a París la llamen la ciudad de la luz, mientras la camarera Suzon nos mira ensimismada, ajena al bullicio de la jocosa clientela, quizá hablándonos sin que nosotros, admirándola en su pose, apenas nos demos cuenta.

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