Virolas

Pan o libertad: 20 años de la caída del Muro

muro de berlín

Mi admirado Julio Anguita lamenta que los alemanes de la extinta RDA descubrieran que, con la desaparición de su país, se evaporaron también las ventajas que les reportaba el comunismo. Una de ellas, dice el ex coordinador general de IU, era que el gas se suministrase a la población de forma completamente gratuita.

Si alguna vez nos hemos parado a pensar si preferimos el pan a la libertad, habremos tenido ocasión de discernir sobre prioridades vitales. Y resulta de perogrullo concluir que si carecemos de los víveres elementales, de qué nos servirá exaltar con ahínco nuestra condición de ciudadanos libres. Es lo que, hasta no hace mucho, pasaba en Cuba. Nos hicieron creer que, frente a los recortes en cuanto a los más elementales derechos humanos, el Estado aseguraba a sus habitantes que nunca morirían de inanición. Eso, hasta que llegó Pánfilo, un cubano que causó furor en Internet lanzando a los cuatro vientos una verdad impepinable: ¡Jama, jama!, que en Cuba la gente pasa hambre. Dicen que la verdad sincera sólo la dicen los niños, los locos y los borrachos. Al tal Pánfilo, entrado en años, las autoridades del país lo tildaron de lo segundo y lo tercero.

Hoy se conmemoran los 20 años de la caída del Muro de Berlín. Los dirigentes mundiales se han dado cita en la capital alemana para recordar aquel episodio de nuestra historia reciente. Lo harán, entre otras cosas, con copiosas comidas y cenas oficiales. Una de las personas que se hallaba en la RDA en 1989 es la actual canciller de Alemania, Angela Merkel. A ella, a lo que se ve, le ha ido bien en estas dos décadas. A otros compatriotas, imagino, seguro que no tanto.

En la magnífica película La vida de los otros se nos muestra cómo se malvivía detrás de aquel muro. Cómo a quien se atreviese a disentir se le espiaba y se le condenaba por desviacionista de la línea oficial que marcaba el partido. Ya sabíamos que tras el muro de la vergüenza no estaba el paraíso terrenal para los millones de alemanes del otro lado, para aquéllos que se jugaron la vida por saltarlo. Como también éramos conscientes, al menos los que criticábamos el fundamentalismo ideológico allí instalado y que muchos progres aun justificaban, de que en la RDA te coartaban tu libertad hasta los límites de la más pura extenuación. La explosión de aquel régimen totalitario evidenció sentencias como la de Manuel Azaña, quien muchos años antes asertó que la libertad no hace felices a los hombres, los hace sencillamente hombres.

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