Virolas

Debacle en Santo Domingo

alcorcon - real madrid

Hace unos días, la sección de deportes de un periódico recogía una noticia de dudosa catadura: un equipo de infantiles había ganado a otro por 30 goles a 0. El redactor de la información se deshacía en elogios para los triunfadores, hablaba de récord guinness y de otras lindezas. Yo dudé del buen gusto y de la cuestionada ética a la hora de publicar semejante suelto. Y lo hice, más que nada, poniéndome en la piel de los chavales del equipo derrotado y no en la de los ganadores que a buen seguro se sentirían, viéndose en los papeles, encantados de conocerse. Trastocando los roles, en posible que sea eso lo que hoy les suceda a los seguidores del Real Madrid y a los del modesto Alcorcón. Lo que pasa es que el inesperado resultado de ese partido sí que merecería, como de hecho ha ocurrido, las portadas de la práctica totalidad de los diarios.

Un día, hará unas cuantas temporadas, una vieja gloria del madridismo se dejó caer por el vestuario del Bernabéu para saludar a los jugadores. El hombre salió descorazonado cuando comprobó, con sus propios ojos, que la preocupación de muchos de aquellos galácticos futbolistas pasaba más por ocultar el perfume que utilizaban de la vista del compañero, y así evitar que se lo copiase, que de solventar cuestiones meramente deportivas.

Anoche el Real Madrid cayó con estrépito ante un equipo de Segunda B, el Alcorcón. La humillación se tradujo en un baile que pudo acabar peor. Perder 4 a 0 ante un club humilde, con jugadores en la alineación inicial como Raúl, Benzema, Arbeloa, Diarra, Guti, Van de Varrt… ha de doler hoy mucho en los corazones de los merengues. Los aficionados, se entiende. No tanto en los de algunos de los tristes protagonistas de la debacle de Santo Domingo, nombre que recibe el sobrio campo del hoy descollante equipo local. Los de siempre, los veteranos, apelaron tras el partido a que habrá que tirar de casta y orgullo para deshacer el entuerto dentro de 15 días, en el partido de vuelta, y ganar por más de cinco goles de diferencia. Horas antes, los integrantes de la primera plantilla blanca habían probado y estrenado sus rutilantes Audis, ajenos al bochorno que horas después se les avecinaría. Mientras esto ocurría, es probable que algún figura del Alcorcón cogiese un autobús urbano para trasladarse de un sitio a otro en esa populosa localidad. Son las paradojas de una vida en la que, como dijo Balzac, hay que dejar la vanidad a los que no tienen otra cosa que exhibir.

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