Virolas

Comiendo con Roberto Verino

Con Roberto Verino

“Yo no vendo voz, vendo estilo”. Frank Sinatra

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Uno no debe crearse opiniones preconcebidas sobre las personas. Pasa que suele equivocarse en ocasiones. Lo legal, me parece, es saber rectificar sobre la marcha.

No quiero decir con esto que yo acudiera hoy a un almuerzo con el diseñador gallego Roberto Verino con una imagen a priori del modisto. Más bien convendré que cuando uno se enfrenta a quien no conoce, suele hacerlo con ciertas prevenciones. Esa es la verdad.

Verino es un tipo formidable. Buen conversador, ameno, respetuoso y agradecido. Con esos calificativos, sobran dudas metódicas.

De la charla mantenida durante casi dos horas, uno saca en conclusión que un emporio se construye desde el esfuerzo, la laboriosidad, la humildad y el paso a paso. “Mirad Louis Vuitton”, nos decía. “Lleva 155 años en el mundo de la moda mientras nosotros sólo llevamos 25. Lo que sería estúpido es, desde esa perspectiva, competir con un gigante”, concluía.

Gentes como el propio Verino o Adolfo Domínguez acuñaron ese signo de distinción en que convirtieron el sello de la moda gallega. Se trataba, cabe deducir, de romper tópicos. Los de una tierra, Galicia, cuya imagen iba íntimamente ligada al subdesarrollo, a las vacas y a los vaqueiros.

Detecto su cariño por el vecino portugués. Varias veces refiere anécdotas de aquel país. Y no sólo cuando se ocupa de cuestiones de moda. También cuando lo hace sobre el vino, un negocio auxiliar en el que anda metido desde hace una década. El blanco que probamos en la comida era excelente.

Uno intuye a los que diseñan moda, artistas como son, subidos en un pedestal del que difícilmente se bajan. No es el caso de Roberto Verino, un gallego de Verín (Ourense), que se siente como tal sin destilar un nacionalismo demodé. Haciendo honor al dicho de que si te encuentras a uno de su tierra en una escalera, no sabrás si sube o baja, sabe pasar como de puntillas sobre los rescoldos que dejan las alusiones políticas que alguien hace a nuestro lado. Lo suyo, está claro, es crear industria.

Lo entrevistaban para un diario y declaraba que le encantaría vestir a Michelle Obama. No es mala elección. Aunque en moda, como en casi todo en la vida, la percha importe bastante.

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