Virolas

Concierto en La Habana

Juanes en La Habana

Que el concierto auspiciado por el colombiano Juanes en la Plaza de la Revolución de La Habana no es un concierto más, es algo que salta a la vista. La polvareda levantada por esta iniciativa respaldada por otros artistas, ha permitido, incluso, multiplicar la difusión del evento hasta límites inauditos. A saber: en el interior de la isla hay quien estaba a favor y quien se mostraba contrario. Más o menos lo que ocurre fuera de la misma; incluso, en el siempre excitado exilio de Miami.

Existen algunas consideraciones al respecto. La primera tiene que ver con el intento, loable por otra parte, de unir a los cubanos del interior y del exilio a través de la música. Al final de la actuación, Juanes exclamó un ¡Viva Cuba libre! que, en cualquier caso, se presta a doble interpretación. ¿Libre para que sus ciudadanos puedan serlo o frente al imperialismo de los Estados Unidos, por ejemplo? Yo más bien creo que los tiros irían por la segunda acepción. Además, a nadie escapa que para que en el país del Gran Hermano (donde miles de ojos vigilan lo que está haciendo su vecino de al lado, por si es un contrarrevolucionario en ciernes) se autorice un acto de este tipo, el Gobierno tiene que haber dado su oportuna bendición. Y así ha de ser, conciente como es la dirección del país caribeño del bueno rollo que la presencia de esas gentes puede aportar a la imagen exterior de una Cuba que, hoy por hoy, es un proyecto distópico de mayúsculo fracaso.

Pronto se cumplirán 20 años de la caída del muro de Berlín, aquel símbolo de la vergüenza contemporánea más abyecta. A juzgar por algunos comportamientos, más pareciera que a quienes defendían aquel estilo de vida, hoy felizmente desaparecido, tan sólo les quedara el clavo ardiendo que supone la Cuba actual, a la hora de enarbolar banderas de supuesta liberación de los pueblos. Resultaría sencillo deducir los adjetivos con los que cierto progresismo militante obsequiaría a quien hubiera osado encabezar una iniciativa similar en el Chile de Pinochet o la Argentina de Videla. Baste recordar, si la memoria no nos resulta esquiva, lo que a algunos les parecía que cantantes españoles actuaran en esos lóbregos años en el Festival de Viña del Mar, en las múltiples citas bonaerenses o en el Mar del Plata. Mejor no acordarse porque la memoria, a veces, suele jugarnos malas pasadas cuando nos delata lo vivido.

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