Diario

Diario de un prodigio (LXI)

Comedor El Niño

Existe un adagio por el que se asegura que la felicidad no es algo que experimentes, sino algo que recuerdas. Todos tenemos abundantes referencias de nuestra pasada niñez y con ellos rumiamos, en ocasiones, nuestros recuerdos y nostalgias. Es lo que ocurre al comprobar que algo que ha sido parte consustancial de tu vida se derrumba. Sí, porque aunque se trate de lo que se trata, aflora el sentimiento más hondo.

Hay un restaurante en el que con mi familia y mis amigos he pasado muy buenos momentos de mi vida. Casi ni recuerdo desde cuando. Así es que, ya se podrá comprobar lo lejos que me estoy remontando. Ahora, quizá por eso de la crisis, sus trabajadores se han echado a la calle en demanda de lo que es justo: dicen que llevan meses sin cobrar. De no remediarse la situación, es previsible que el local siga los pasos de otros y eche el cierre.

De aquellos años, en la década de los 70, recuerdo a sus camareros, de impolutas camisas blancas. Y su estrella en el menú, al menos para mí: la pierna de cordero lechal que aún cocinan como pocos. Y un postre que hizo furor en su época y que sólo se destinaba a los estómagos más potentes: el pijama.

A uno de los responsables de aquel local siempre le encontré parecido con el actor que, en esos años del blanco y negro, en televisión protagonizaba la serie El Fugitivo, David Jansen. Una vez se lo dije y el hombre se quedó muy sorprendido. Otra noche recuerdo que mi padre me señaló a alguien que consumía en la barra. Era Jesús Álvarez, uno de los históricos fundadores de TVE en el Paseo de la Habana. Aquel locutor que en La gran familia hacía el llamamiento para encontrar a Chencho, el nieto del gran Pepe Isbert. Poco tiempo después,  moriría en accidente de tráfico.

Mi abuela, poco dada a abandonar su casa, sólo lo hacía para ir una vez al año al mencionado restaurante. Y creo que esa herencia se la transmitió a una tía mía que, regularmente, nos suele invitar a la familia a comer en él. Y sólo en él.

Cuando el periódico me trajo el otro día la noticia de que El Niño peligra no pude por menos que entristecerme. Son muchas vivencias allí, mucha gente que ya no está. Porque, a lo largo de todos estos años, ha sido incontable el cariño destilado entre sus paredes y servido entre platos de emperador con ensaladilla rusa y patatas fritas.

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