Diario

Diario de un prodigio (LX)

DSC00717

El sábado, la prensa local daba cuenta de un suceso truculento. Un hombre, que había sido abordado por varios en una céntrica avenida de la ciudad, recibía una severa paliza por parte de éstos, que le ocasionaba diversas lesiones, entre ellas, la rotura de dos costillas. Matones, sin más miramientos, les llamaba el periodista que redactó el suelto. En el mismo se añadía que la víctima era un cobrador de morosos y que la Policía investigaba lo sucedido tras la correspondiente denuncia.

Era cerca del mediodía cuando pasó todo. Los que circulaban a esa hora por la transitada calle, se leía en el diario, permanecían atónitos ante lo que con sus ojos veían.

Esta mañana, al abrir mi correo electrónico, he hallado una información que alguien perfectamente identificado me envía. En ella se recoge la versión de lo sucedido el viernes mediante un texto y tres fotografías (una de ellas, la de arriba). Mi comunicante me pone al corriente bajo un escueto titular: Intento de homicidio premeditado. Sorprendido, leo. Habla de que, efectivamente, un grupo de cuatro hombres, “presuntamente de nacionalidad rumana”, son los autores de tan bárbaro proceder.

¿Ajuste de cuentas? ¿Droga? ¿Trata de blancas?, llegué a pensar. Sigo leyendo y me encuentro con que el agredido de manera tan brutal era alguien que se dirigió a reclamar un impago a la empresa del supuesto deudor, un profesional de reconocido prestigio en lo suyo en la ciudad. Debió hacerlo con cierta ostentación, a las puertas de su establecimiento, por lo que el señalado deudor rompió el cartel que éste portaba en alusión a su demanda. Cuenta mi comunicante que lo amenazó de muerte y que luego se dirigió al grupo de rumanos a los que “les dio la orden de seguirlo y propiciarle una paliza hasta acabar con su vida en algún callejón”. Siempre según esta versión, los secuaces cumplieron el mandato casi al pie de la letra. Lo abordaron cerca de la empresa donde trabajaba y le dieron lo suyo.

Así pues, según esa fuente, ni ajuste de cuentas ni drogas ni trata de blancas. Todo lo desencadenó una presunta deuda de quien se dice en el correo que partió la orden de ajusticiar al cobrador. Y la deuda, por más, se refiere al evento que con motivo de su boda, prevista para anteayer sábado, le montaron en su propio chalet. Todo tan extraño como confuso, se me antoja. Tanto, que mi comunicante no me aclara, por ejemplo, si al final la boda se celebró con montaje de la empresa a la que el novio adeudaba o si, por el contrario, éste se vio sin fiesta aunque con novia dispuesta. Raro, muy raro todo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s