Virolas

Cuando ya no hay ‘azconas’

Rafael Azcona

Cuando el último Premio Cervantes, Juan Marsé, osó decir, en vísperas de recibir el galardón, que el problema del cine español no era tanto de piratería como de falta de ideas, se afilaron muchos cuchillos que sólo se quedaron a buen recaudo quizá por ser él quien era. Le acompañaba aquel día en su comparecencia ante los medios informativos la ministra del ramo, Ángeles González-Sinde, que, herida en lo suyo, salió presta en defensa del gremio de los guionistas.

El creador del Pijoaparte subrayó entonces que el talento siempre es necesario y que ahora lo echaba de menos de alguna manera. “Siempre espero más y mucho más”, decía, para añadir que “el cine español tiene bastantes problemas, pero uno de ellos es el estímulo en la creación, empezando por el guión”. Y sobre la tesis del bajo nivel de los guiones, aseguraba que a esos menesteres siempre se ha dedicado poco tiempo y poca remuneración, esto es, a la escritura en un proyecto cinematográfico, por lo que luego eso se nota en el resultado final que llega a la pantalla. Reclamaba, en conclusión, más medios y más dinero para subsanar el entuerto que él atisbaba.

Ahora, con motivo de la presentación de la última película que estrena, la actriz Aitana Sánchez-Gijón ha dicho sin ambages que el panorama actual del cine español es “bastante desolador”, con una disminución de proyectos que describe como muy drástica. La que fuera presidenta de la Academia Cinematográfica española –como también lo fue la ahora ministra de Cultura– atribuye el panorama que ella con toda crudeza describe a la crisis económica y no tanto a la escasez de ideas, en contraste con lo expuesto en su día por Marsé.

Puestos a elegir entre ambas argumentaciones, yo me quedo con la primera. Y lo haría por una razón esencial: el cine español ha abusado hasta la extenuación de determinados estereotipos en sus guiones durante los últimos años, lo que ha llevado a ese gremio –yo al menos así lo estimo– al agotamiento. Valgan los ejemplos de la pre-Guerra, la propia Guerra y la post-Guerra Civil, que han sido fuente y abrevadero continuos de multitud de películas, unas con más y otras con menos éxito. Por otra parte, los eximios guionistas con los que durante el pasado siglo contó el cine español han ido desapareciendo y no da la sensación de que de la cantera hayan salido valores que cubran ese hueco imprescindible de ocupar. Y es que, pongamos por caso, ya me dirán si ser guionista en el franquismo era más sencillo que serlo ahora. Que películas como las que escribió el genio de Rafael Azcona se produjeran entonces era un hecho casi rayano en lo milagroso. Hoy, con notables excepciones, los tiros van por la risa floja, la palabrería barriobajera, los pretendidos sub-mundos de la fruslería o la reivindicada modelnidad. Ésa puede ser la diferencia entre aquello y esto, sin obviar en esencia lo fundamental del aspecto retributivo.

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