Virolas

Errores terroríficos

Mohamed y Dalilah

Tras cuatro visitas al hospital, alguna mente preclara debió deducir que aquella mujer pudiera tener algo grave y fue entonces cuando decidieron ingresarla. Había acudido a dos centros para aducir que le dolía la espalda y que le costaba respirar. La paciente, de apenas 19 años y embarazada, murió a los quince días de gripe A, la primera víctima en nuestro país. Su viudo, henchido de dolor, dijo que emprendería acciones judiciales contra los centros sanitarios que dieron largas a su joven esposa y que, al final, no se pudo salvar. Quien sí lo hizo fue la criatura que llevaba en su vientre, un niño de 28 semanas de gestación que no contrajo la enfermedad y que se reponía estos días en la UCI infantil del Gregorio Marañón. Nació mediante cesárea, pesó 1.200 gramos y lo llamaron Rayan, que en árabe significa la puerta del paraíso.

Dalilah y Mohamed, marroquíes ambos residentes en nuestro país, se conocieron a través de un amigo al que el segundo pidió que oficiara de celestino. Éste lo hizo tan bien que no sólo le habló a la muchacha de quien quería ser su pretendiente pues, en un gesto loable por ir más allá, tuvo la iniciativa de hasta enviarle flores en nombre de Mohamed.

El hoy viudo, de 21 años, aspiraba a ser policía local y por ello se había matriculado en una academia al objeto de prepararse. Pero ha sido él quien ha contado una anécdota que, por el momento, le ha quitado esa idea de la cabeza. En los días en que Dalilah estaba ingresada, se trasladó desde el hospital a rezar a una mezquita. A la salida, fue abordado por dos agentes municipales. Cuenta que, nervioso como estaba, el coche se le calaba por lo que debió levantar sospechas. Les explicó cuál era su trance aunque cree que no le creyeron. Hasta hicieron chufla de lo suyo: “Adiós tú y tu gripe”, dice que le dijeron al soltarle y tras pedirle papeles.

Tras todo este calvario, ahora, si su familia no tuviera que soportar el dolor por lo sufrido, un error terrorífico, como ya ha sido calificado desde el propio centro sanitario donde ha ocurrido, viene a agravar la pena: el bebé que nació prematuro ha muerto al confundirse una enfermera a la hora de suministrarle la alimentación: lo hizo por vía intravenosa en lugar de por la vía nasogástrica. Era su primer día en la unidad de neonatos. ¡Válgame Dios!

He oído decir al director del hospital que la negligencia no tiene excusa y que inmeditamente se tomaron medidas disciplinarias al respecto. Yo, en este caso, utilizaría una expresión que vengo oyendo a mis seres cercanos desde que tengo uso de razón. Y es que más que cuestión de excusas, lo que le han hecho a esta pobre gente no tiene perdón de Dios. Ni del nuestro ni del suyo, que vendría a ser lo mismo.

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