Virolas

Como a Sidney Poitier

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Celos / Pitingo

A Pitingo, cantaor y gitano, y a Juan Carmona, guitarrista y gitano también, los vejaron en el AVE. Ésa, al menos, es la versión dada por ambos artistas de unos hechos acaecidos el pasado 28 de junio, a resultas de que venían de participar en El Potaje Gitano de Utrera. Casi . Hablamos del festival flamenco más añejo del país donde se rendían honores a la dinastía de los Rivera Ordóñez, gente del toro y ahora, también, del papel couché.

Ocurrió que los dos viajaban en ese tren de Sevilla a Madrid en clase preferente, acompañados de sus respectivas parejas, mientras dos hijos de Carmona lo hacían en turista. En un momento dado, los chavales –según cuenta el padre– se trasladaron al vagón donde iba su progenitor para pedirle dinero e ir al de cafetería. Al verlos, el revisor les conminó a que volvieran a su sitio. Al padre, que salió en su defensa, el empleado del tren le pidió el billete. Y Carmona cuenta que, nervioso como estaba, no lo encontraba. Siempre según la versión del ex miembro de Ketama, el revisor avisó a Seguridad y al guitarrista y a su novia los instaron a bajar del AVE en la estación de Puertollano, “incluso sin las maletas”. Los chicos, de 14 y 16 años, siguieron hasta Madrid, junto a Pitingo y su esposa.

La versión de RENFE difiere de la anterior. Contaba el ABC de Sevilla, citando fuentes de la compañía, que “los menores, pese a tener billete de turista, se acomodaron en preferente y que, al ver que el incidente subía de tono, el supervisor no tuvo más remedio que solicitar que Carmona fuera desalojado del tren”.

Unos y otro se han intercambiado denuncias. Los primeros hablan de racismo y dicen que “ni en los tiempos de Franco se veía eso. El segundo, por sentirse amenazado por el guitarrista desalojado.

Sabido es que el hábito no hace al monje. Cuenta Pitingo que el revisor ya lo tenía fichado desde que días atrás, durante otro trayecto, irrumpió en un vagón lleno de gente y sólo le pidió el billete a él: al gitano que iba en preferente. De ser así, como lo cuenta, cuesta creer que esto ocurra todavía. Pero pasar, claro que pasa, si damos por válida ésta su versión. Aunque el gitano, el negro, el moro o el chino sean eminencias en lo suyo. Porque los prejuicios, los malditos prejuicios, laten aún en esta sociedad tan solidaria. Como le ocurría al gran Sidney Poitier en Adivina quién viene esta noche. ¿Se acuerdan de aquella sorpresa que la niña reservaba a sus papás? Pues casi igual.

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