Virolas

Matamoscas Obama

Obama con Chávez

Bueno, y ahora, hasta cuántas veces habremos de asistir al ritual por el cual el presidente acaba con la mosca. Es impresionante la puesta en escena si todo es fruto de la casualidad y, por tanto, de la improvisación. Lo digo por la realización de las cámaras y por cómo cambian el plano cuando él, en un gesto bautizado como ninjaniano, levanta su mano derecha, mira de reojo a la víctima y le suelta el zarpazo que resultaría letal sobre su otra mano, en la que se posaba. Tras ello, cae desplomada la intrusa a la que ya le había advertido con un enérgico Fuera de aquí cuando osó interrumpirle el discurso. ¿En qué estábamos?, pregunta al periodista como si tal cosa. Impresionante. Atrapé a la pesada, añade. El corresponsal de la CNBC asiste atónito al ceremonial que demuestra que el Comandante en Jefe es también humano. Y que sabe cazar moscas. Luego, el propio ejecutor le pide a uno de los cámaras que saque un primer plano de la que yace inerte sobre la moqueta presidencial. ¿Qué dirán los amigos de las moscas al respecto? ¿Tildarán al nuevo mesías de asesino? Para los blandengues, demostró que sí mata moscas. Y que no lo hace a cañonazos, precisamente. Su técnica es más depurada. Con paciencia, tesón y efectividad total. De un golpe seco y directo. Sin rodeos. ¡Zas! y a otra cosa. Que cunda el ejemplo.

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