Virolas

El brazo corrupto

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Durante años oímos hablar del brazo incorrupto de una santa que se alojaba en el dormitorio del vigía de Occidente. Mas el amputado brazo de Franns Rilles se corrompió en el interior de un contenedor de basura, al que fue arrojado tras seccionárselo una máquina en la panadería donde trabajaba sin contrato, durante 12 horas diarias y por menos de 700 euros al mes. A la misma hora en que este boliviano de 33 años explicaba en las televisiones su monumental desdicha, observaba yo cómo tres personas llevaban en camilla a un enfermizo mastín de grandes dimensiones hasta el dispensario animal. Pensé en los contrastes de la vida y en lo que el patrón del inmigrante valoró el accidente laboral. Dejaron al herido, sin su extremidad superior, a unos metros del hospital mientras le decían: “Corre a que te atiendan, pero no digas nada de la empresa”. Volvieron al local, limpiaron la sangre y siguieron amasando el pan nuestro de cada día como si nada.

El drama, en toda su crudeza, está más que servido. Hay crisis, eso lo sabemos, y existió casi siempre lo que se dio en llamar la economía sumergida, una suerte de sistema por el cual unos bajan más que otros a determinadas profundidades. Franns Rilles casi tocó suelo cuando se vio sin brazo y tirado en plena calle de Gandía. La Benemérita, rastreando aviesa, lo halló tiempo después en la basura, donde debieran habitar por siempre los desalmados que quizá con un perro no se hubieran comportado como lo hicieron con este pobre hombre.

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