Virolas

47 velas

velas
Nadie como tú / Pancho Céspedes con Presuntos Implicados

Siempre quise saber cómo se levantaba uno con 47 años de edad a sus espaldas. Y hoy lo he comprobado en mis propias carnes. Anoche cenamos con los amigos y allegados en lo que ya se va convirtiendo en pluricelebración tradicional de cuantos géminis pueblan mi vida (y yo, uno entre ellos). A cuantos me preguntan que cómo me siento, les digo que igual que siempre. Aún no han llegado los achaques, al menos los más determinantes. Sobrevivo en mi existencia con una mala salud de hierro, sólo quebrada por algún escorzo que intento reparar como buenamente puedo. Eso en lo físico, ya que en lo otro, en lo espiritual digamos, creo llevarlo peor.

Cuando te vas haciendo mayor ya no esperas tantas sorpresas en tu cumpleaños, y por eso quizá la ropa sea el regalo más socorrido de cuantos te quieren a tu alrededor. Camisas, polos, pijamas… Eso y perfumes, after saves y otras cremas. Para que todo siga como hasta ahora y la arruga que ha de habitar entre nosotros no sea tan bella.

Si el tiempo acompaña, tomaré el sol. En su justa medida, claro. Y a lo mejor hasta me tomaré un vermouth. Con aceitunas y todo. Qué diablos. Y escucharé algunas canciones de letra quebrada del inigualable Bola de Nieve. Y os daré las gracias sentidas por vuestras sinceras felicitaciones.

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