Virolas

La televisión necesaria

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Son muchas las veces en las que se ha asegurado que la televisión pública no ha de estar, necesariamente, al dictado de las audiencias sino más bien al servicio de la comunidad. Que una televisión pública se vea rebasada por otras en las mediciones de espectadores no debería llamar la atención sobremanera. Y es que una cosa debiera ser un medio de comunicación como negocio y otro, muy distinto, como servicio público.

Nadie se cuestiona hoy que la televisión ha sido instrumentalizada en diversas etapas de nuestro país, sirviendo a intereses muy alejados de lo que se podría definir como firme objetivo de servicio público. Y son bastantes los que consideran que en España no se ha aprovechado consecuentemente la potencialidad del medio para el desarrollo cultural y educativo de su habitantes. En países como Gran Bretaña, Francia, Holanda o Suecia la televisión pública es valorada y apoyada por la sociedad. En España, esas adhesiones tan sólo alcanzaron, durante mucho tiempo, a algunos espacios concretos de La 2 de TVE.

Determinados expertos concluyen que la denominación de servicio público en televisión adolece de serias deficiencias cuando los intereses del gobierno de turno o de un grupo de presión priman sobre los intereses sociales; cuando se sigue el dictado de las audiencias o se condena a un espacio a los peores lugares de la parrilla de programación sin tener en cuenta la audiencia a la que se destina.

Junto a esto, son las reglas de la competencia comercial las que determinan la programación e influyen en la selección de información, camuflando como entretenimiento lo que tan solo es publicidad o propaganda. Conviene alertar también cuando se manejan, como si fueran de servicio público, contenidos y formatos propios de la programación convencional o cuando se dota a los programas de los más ínfimos recursos y se utiliza a los profesionales a los que se desea represaliar. En ocasiones se abusa de los conceptos educativo o cultural como auténtico cajón de sastre en el que incluir vergonzantes productos sin destinatario definido o, no teniendo en cuenta el ámbito de cobertura de la emisora, se programa con criterios generales y descontextualizados.

Decía un afamado director general de la BBC que la televisión pública debería hacer que lo popular fuera valioso y que lo valioso se convirtiera en popular. Pues bien: la resultante de esa aseveración tendría que pasar por dar respuesta a las prioridades sociales, económicas, educativas y culturales de una comunidad a través del control compartido por entidades públicas, privadas y agentes sociales, en general; mejorar la calidad de vida; fomentar la reflexión sobre valores que se amparen en un amplio consenso social; crear conciencia social y movilizar la capacidad crítica de la población así como provocar acontecimientos que promuevan una amplia participación social.

Se tendría que generar en la ciudadanía un consenso sobre la utilidad de lo que se programa, permitiendo la comprensión por parte de la audiencia de la rentabilidad social y el valor que en sí mismo supone el acceso al saber y al conocimiento científico; compensar, con la producción de programas específicos, las carencias existentes en las rejillas de programación, especialmente en lo referido a población infantil y juvenil, ancianos y minorías; no verse condicionados en exclusiva por los estudios cuantitativos de audiencia; prever desde su fase de diseño cómo van a ser explotados y aprovechados social, educativa y culturalmente los programas, antes, durante y después de su emisión; incorporar la participación de destacados autores, creadores y productores, dando oportunidad a los jóvenes y promover la experimentación de programas innovadores a los que se dote de recursos adecuados, con capacidad para fomentar ricas y variadas formas de participación, serían otras consideraciones a tener en cuenta.

Coincido, a modo de conclusión, con que una auténtica programación de servicio público debe considerar las demandas de la audiencia, enriquecerse con la experiencia de los productores, ser evaluada de forma permanente y promover su aprovechamiento social, educativo y cultural.

[Diario de la ondas. 2-7-2005]

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