Virolas

Montanelli y las horcas caudinas

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De Marco Travaglio, látigo fustigador del berlusconismo rampante, se publicaba este martes un artículo sobre la figura del maestro de periodistas, Indro Montanelli, de quien acaba de conmemorarse (el pasado 22 de abril) el centenario de su nacimiento. Desgrana en él Travaglio lo que con más amplitud describe en su libro Montanelli e Il Cavaliere; es decir, el proceso sumarísimo por el cual todo informador no afecto a la causa corre el serio riesgo de caer en desgracia. Prueba de ello es el rosario de presentadores de televisión, e incluso directores de periódico, a los que una simple sugerencia de Il Cavaliere sirve para apartarles a la cuneta del camino.

En Il Giornale, Montanelli se mantuvo mientras el editor Silvio Berlusconi respetó su autonomía. Una vez que el magnate decidió dar el salto a la política, y en 1993 se lo anuncia al viejo periodista, las cosas cambian de forma radical. El patrón quería convertir ese diario en el vocero de su inminente Forza Italia, horcas caudinas por las que Montanelli no estuvo dispuesto a pasar. No lo hizo, como tampoco ocurrió así al abandonar Il Corriere della Sera para fundar Il Giornale, el diario de opinión por excelencia. Desde allí apostó por una derecha civilizada y ante los embates del aún poderoso PCI, dijo aquella celebérrima sentencia dirigida a un vacilante electorado italiano: vayan a votar, tápense la nariz y háganlo por la Democracia Cristiana.

Tras su salida del diario por él fundado, y tras rechazar la dirección de Il Corriere, Montanelli creó un nuevo periódico, otro más, La Voce, de corta vida en los quioscos, ahogado por las presiones a las que fue sometido por el entorno berlusconiano, al que combatió sin tregua ni cuartel.

Cuando le propusieron desde las más altas instancias de la República ser nombrado senador vitalicio, el viejo león lo rechazó de plano al considerar incompatible su idea de la independencia periodística con su participación en el mundo de la política.

Murió en Milán, en julio de 2001, a los 92 años de edad. Al día siguiente, los diarios dieron la noticia de su muerte y uno de ellos, Il Corriere, publicó un texto póstumo con el que Montanelli quiso dar su particular adiós a cuantos incondicionales le siguieron en su longeva carrera: “Llegado el término de su larga y tormentosa existencia, Indro Montanelli (Fucecchio 1909, Milán 2001) se despide de sus lectores agradeciéndoles su afecto y la fidelidad con la que le han seguido.”

Finito, maestro.

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