Virolas

Sexo a granel

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Una ufana contertulia dijo la otra noche en la tele que hace 40 años, en este país, no había sexualidad. Otro tertuliano, ipso facto, la corrigió. Hombre, si eso fuera así, ni tú ni yo estaríamos hoy aquí sentados debatiendo sobre la píldora del día después, fue lo que le vino a decir.

La polémica generada por la posibilidad de que una chica de 16 años pueda llegarse hasta una farmacia y adquirir este producto está a flor de piel en nuestro país. ¿Y por qué entonces (supuestamente) un menor de 18 años no puede sacar tabaco de una máquina expendedora o tomar una bebida alcohólica en un bar?, preguntó alguien. No pueden, pero se hace, corrigió el otro. Es decir: hecha la ley, hecha la trampa.

Me entero de que llamar a este fármaco píldora del día después es del todo incorrecto. Se puede administrar hasta 72 horas después del coito, lo que nos llevaría a denominarla, en todo caso, píldora del tercer día. Lo que ocurre es que, evidentemente, su efectividad no es la misma si la mujer la ingiere a las 24 que a las 72 horas.

Sobre lo que sí convendría insistir es en lo concerniente a que estamos hablando de un anticonceptivo de emergencia. Para aclararnos, no estamos haciéndolo de un producto para consumo habitual.

La polvareda levantada en España estos días tuvo su antecedente en los Estados Unidos, el Reino Unido o Francia, donde las menores de 18 años tienen libre acceso a este medicamento. De nada sirvió la férrea oposición de la Iglesia Católica, en especial en el país galo. Aquí, quienes se oponen a la interrupción voluntaria del embarazo lo consideran como aborto inducido. Sin embargo, el órgano colegiado de los médicos españoles asegura que no interrumpe el embarazo ni perjudica al embrión o al feto, en tanto que ha advertido que, globalmente, no comparten la determinación gubernamental liderada por las ministras Aído y Jiménez. Debe ser, dicen ellos, un facultativo quien dictamine mediante receta su uso correcto y su posterior seguimiento. Además, añaden, se corre el peligro de disparar las infecciones de transmisión sexual, como el sida o la sífilis. No se puede caer en la banalización con su empleo, concluyen los médicos.

Los datos son crudos: en 2007 se produjeron en España 112.000 abortos, de los que más de 6.000 correspondieron a menores de 18 años; 500 de ellos a chicas que no llegaban a los 15. Junto a esto, más de 4.000 niños nacieron de madres menores de edad y hubo 10.500 embarazos en jóvenes que no superaban los 18 años.

Un jurista de reconocido prestigio apunta que entre los 13 y los 15 años debe ser un médico el que evalúe la madurez de una menor y, tras ello, decidir si, según su criterio, ésta posee la madurez suficiente para comprender el alcance del tratamiento. Si el médico considera que la chica en cuestión sabe lo que hace, ni siquiera sería preciso avisar a los padres.

El Gobierno aprueba hoy el anteproyecto de la nueva ley del aborto que posibilitará ejercerlo libremente en las 14 primeras semanas de embarazo. En un trimestre, la píldora poscoital, como otros han apostado por denominarla, estará en las farmacias al precio de 20 euros la unidad. Ya hay farmacéuticos que han advertido que ejercitarán su objeción de conciencia. Nada extraño en un colectivo en el que, hasta hace bien poco, expender condones era algo potestativo. Quizá alguno pudiera pensar que de esa forma se pondría coto a la práctica de lo que entendiera como sexo a granel.

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