Virolas

Noche de Copa

Gainza levanta la Copa del 58

Es de cajón decir que esta noche, en Mestalla, pueden ganar los unos o los otros. Lo es también aseverar que el Barça, más que un club, pasa por ser hoy el mejor equipo del mundo, mientras el Athletic, fiel aún a su filosofía, se mantiene en la zona templada de la Liga de las estrellas. Pero esta noche se encontrarán en una final, la de la Copa del Rey, tras un cuarto de siglo. De lo ocurrido en la última que ambos equipos disputaron, en 1984, ya se han encargado estos días de repetirnos hasta la saciedad los bochornosos incidentes originados al concluir el lance con ajustado triunfo bilbaíno.

A cualquier observador no se le escapará que lo normal sería que esta noche ganase el equipo blaugrana, incluso a pesar de sus señaladas bajas. Sin embargo, el impulso y el aliento que recibirán los rojiblancos por parte de su fiel afición, puede conducirles a la machada. La final de hoy no se parecerá a la de hace 25 años, fundamentalmente porque este Barça sí puede ser comparable al de entonces, con Maradona y Schuster como espoletas. Si embargo, el Athletic de 2009 no es el que ganó dos Ligas consecutivas en esas fechas (82-83 y 83-84). Es por ello por lo que entiendo que la final de este miércoles será más parecida a la que jugó en 1958 el conjunto vasco frente al Real Madrid, en el estadio Santiago Bernabéu.

Aquel Madrid tenía un jugador que ha pasado por ser uno de los referentes de este deporte de todos los tiempos: Alfredo Di Stéfano. La Saeta rubia suponía más de medio equipo y, sin embargo, ni siquiera lo que en baloncesto se llama factor cancha pudo llevarles a conquistar el entorchado aquel día. El Athletic de Piru Gaínza, de Garay, de Arieta y de Carmelo, (once aldeanos se les denominó) les derrotó por sorpresa a base de furia y tesón, soportes básicos del ancestral juego bilbaíno. Seguridad en defensa y profundidad en el ataque, rezaban las crónicas periodísticas de un choque que acabó 2-0, con tantos de Arieta y Mauri, marcados casi seguidos en la primera parte. El Gamo de Dublín recogió el trofeo y cuentan que le dijo a Franco, reconocido madridista: “Hasta el año que viene”.

A esos valores tendrá que agarrarse el Athletic esta noche en Mestalla. 25 años son muchos sin sacar la gabarra, eso es verdad. Pero perder una final contra todo un trasatlántico no es para rasgarse las vestiduras. Si esta noche le ganamos al Barça, mi padre (que nos ha transmitido su fervor rojiblanco y que estuvo en el Bernabéu en aquella mítica final del 58), mi hermano, mi hijo y yo, seremos cuatro de los seres más felices sobre la faz de la Tierra. Si perdemos, mañana nos despertaremos diciendo eso de que fue bonito mientras duró. Sin tener que lamentarnos de nada ni por nada.

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