Virolas

Patxi López, entre la poesía de Uribe y Szymborska

Toma posesión Patxi López

“Tomo posesión y asumo el cargo de lehendakari del Gobierno del País Vasco, así como de la condición de representante ordinario del Estado en su territorio y prometo cumplir las obligaciones de mi cargo con lealtad a la Corona, al Estatuto de  Autonomía de Gernika y demás leyes vigentes”, dijo Patxi López esta mañana, a los pies del histórico roble, al prometer su cargo como máximo dirigente del País Vasco. Lo cierto es que lo suyo no fue ni juramento ni promesa. Fue, ciertamente, toma de posesión, una tercera vía para las disquisiciones que generan quienes, indiscriminadamente en nuestro país, juran (generalmente, la derecha)) o prometen (en general, la izquierda).

Si tópico resulta el término histórico, éste y no otro es el calificativo justo para cuantos hemos presenciado el acto de hoy en la Casa de Juntas; en mi caso, a través de la televisión. Rostros sonrientes en su interior, de indudable satisfacción por lo que puede implicar sentar en Ajuria Enea a un lehendakari no nacionalista, tras tres décadas de democracia. Y a las puertas, el pueblo. Esas gentes esperanzadas que, visiblemente emocionadas, abrazaban y besaban a quien se dirigía al acto más importante y trascendente de su vida política. No nos falles, parecían decirle a Patxi López, quien ha elegido versos en euskara y castellano para sustituir el protocolario discurso. Unos de Kirmen Uribe, joven valor de la literatura actual vasca, titulados Maiatzan: “Mira, ha entrado mayo, ha extendido su párpado azul sobre el puerto. Ven y hablaremos de las cosas de siempre, del valor que tiene ser amable, de cómo llenar los huecos que tenemos dentro. Ven, siente en tu rostro la mañana. Cuando estamos tristes todo parece oscuro. Cuando estamos fuertes el mundo se desmigaja. Cada uno de nosotros guarda algo desconocido de las vidas ajenas”.

El otro poema era Nada es dos veces, de la octogenaria polaca Wislawa Szymborska, Premio Nobel que fue en 1996. De su obra Llamando al Yeti, publicada en 1957, López ha escogido los versos que describen que: “Nada sucede dos veces y es lo que determina que nazcamos sin destreza y muramos sin rutina. Ningún día se repite, ni dos noches son iguales, ni dos besos parecidos, ni dos citas similares. Entre sonrisas y abrazos verás que la paz se fragua, aunque seamos distintos, como son dos gotas de agua”.

Me temo que Patxi López Álvarez, aquel hombre normal que llegó al lugar que apetecía, dejará de serlo a partir de ahora, aunque siga fecuentando la poesía. Síntoma de ello será, por ejemplo, lo que deje de hacer en la Red: actualizar su blog, twittear o mandar fotos por Twixtr. Recuérdese que a Obama le quisieron quitar su BlackBerry nada más pisar la Casa Blanca. Tiempo al tiempo. Y suerte, mucha suerte. Tanta, como toda la del mundo. Los que tanto dieron, presentes y ausentes, se lo merecen.

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