Virolas

La ‘nana’ del niño Ricardo

Ricardo Martinelli

Se deshace en lisonjas la que fuera su nana en la provincia de Veraguas, Doña Emilia García. La señora no tiene empacho al halagarle de esta guisa: Sin tener la necesidad de hacerlo, desde niño quiso conocer ¿por qué los niños de Soná  trabajaban tan duro? Es así como iba al mercado con su caja con betunes, su cepillo y toallita a limpiar zapatos; poco tiempo después aprendió a vender periódicos, oficio que dejó al darse cuenta que le estaba quitando el negocio a muchos niños que sí necesitaban trabajar para llevar el sustento a sus hogares”. Conmovedor relato el que, nada más abrir la web del candidato a la presidencia de Panamá, nos desmenuza la nana Emilia sobre su niño. Hablamos de Ricardo Martinelli Berrocal, presidente electo de Panamá

Tras esto, se nos desgrana su liderazgo desde las vertientes empresarial y gubernamental. Y su aporte a la comunidad, como no podía ser menos, donde “silenciosamente y como parte de su responsabilidad social, Ricardo Martinelli ha apoyado por años a diversos sectores de gran vulnerabilidad en el país: ancianos, mujeres, niños, niñas y adolescentes”.

El futuro presidente de los panameños gracias a una apabullante victoria en las urnas, con un 60% de los votos, se convierte en rara avis en una zona del planeta donde la nueva izquierda latinoamericana tendía a expandirse como mancha de aceite; este resultado, le ha supuesto un frenazo en seco.

Martinelli, 57 años, empresario y muy rico, se compromete a reactivar la economía y a repartir el crecimiento económico para que llegue a todos los panameños, por lo que ya ha sido recibido como corresponde a su estatus: su gobierno será de una derecha controlada fundamentalmente por empresarios, leo que advierte un catedrático de la Universidad de Panamá.

Si no fuera porque su Alianza para el Cambio se sitúa frente a las tesis de los Chávez, Morales o Correa, uno diría que estamos ante uno más, máxime leyendo un programa que pasa por sanear la administración pública, luchar contra la corrupción, mejorar el acceso de los más humildes a la sanidad o reformar la educación.

Cuando en plena refriega electoral, sus adversarios de campaña le espetaron cierto desequilibrio mental (¿usa Prozac?) por la cascada de promesas que reproducía, Martinelli lanzó un eslogan a modo de titular que hizo mella entre las gentes en el país del canal: “Los locos somos más”. Lo sabremos a partir del 1 de julio.

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