Virolas

El extremo izquierdo

manuel20segura

*(De pie, de izquierda a derecha: Onofre García (entrenador), Piqueras, Antonio Eduardo, Andrés, Fermín, Joaquín, Fernando y José Almagro. Agachados: Pepe, Jorge, Ramón, Pepe Dólera y Manolo Segura)

 

 

Cuando apenas alcanzábamos la decena de años, nos llevaron a un colegio de la capital a jugar un partido de fútbol contra el equipo marista. A nosotros, que éramos pueblerinos y que íbamos con toda la ilusión del mundo a derrotar a los churubitos murcianos.

Véase la formación al uso, con camisetas rojiblancas de raya ancha y cara expectante. Era un sábado, ahora que lo recuerdo, y el terreno de juego de durísimo asfalto. Aún perdura ese mismo patio en el complejo educativo, que no dista más de 300 metros de donde estoy ahora escribiendo esto. Para nosotros constituía una impactante novedad aquel colegio capitalino, en contraste con las escuelas nacionales del pueblo donde a nosotros también nos enseñaban la historia de los Reyes Católicos o el teorema de Pitágoras. Pero nuestro patio de tierra, que era mucho más modesto, a diferencia del suyo tenía unos eucaliptos gigantescos que, aparte de darnos sombra entrada la primavera, nos transmitían un olor profundo que casi nos impregnaba el alma.

Aquel partido, el de esa foto que ilustra el texto, era el de vuelta del que habíamos disputado en el campo de fútbol de San Lorenzo, debidamente acotado en sus dimensiones, acorde a nuestra edad. Creo que en ese primer lance empatamos a un gol. Y me acuerdo de que saqué un córner que por poco entra directamente en la portería rival, lo que hubiera constituido eso que se llama gol olímpico.

Pero en aquel segundo lance nos estaban esperando. Nos metieron tres goles por uno que sólo les hicimos nosotros. Aquello fue un mazazo para nuestras incipientes ambiciones deportivas. Quizá por eso, presagiando la tragedia que se cernía ese sábado de comienzos de los 70, quien ocupara aquella tarde la demarcación de extremo izquierdo (agachado, el primero por la derecha, cuando quería entonces emular a mi admirado Txetxu Rojo) no mostraba excesivas alegrías reflejadas en su rostro. Dicen que en ese gesto adusto mi hijo se me parece. Natural. Como se dice también que un pesimista suele ser un optimista bien informado. Yo me barruntaba que aquella tarde los maristas nos barrerían del campo. Y pasó. A los pueblerinos, a los que acaso parecíamos unos hijos desheredados.

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