Virolas

Sobre el periodismo político *

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Hace unos días leí que el periodismo político en España acabó al estallar la Guerra Civil y que lo que se hacía durante el franquismo era otra cosa. Acabado aquel régimen, la restauración de la democracia y la consiguiente transición recuperaron esa variante informativa.

Sostengo que fue en aquellos años cuando los ciudadanos españoles se vieron sometidos a un auténtico bombardeo de información política, tanto en prensa como en radio y televisión. Y desde aquel déficit, que padeció la ciudadanía de este país durante más de tres décadas, arrastramos el lastre. Hoy, todavía, los medios dedican un amplio espacio a la política, en lo que a sus contenidos se refiere. Es por ello por lo que cabría cuestionarse si, en verdad, el público demanda tanta información política como nosotros le ofrecemos a diario.

Es cierto que el lector, el oyente o el telespectador adicto a la política busca aquellos diarios, emisoras de radio o cadenas televisivas que le cuentan lo que quiere leer, oír o ver, respectivamente. Pero eso no es algo exclusivo de quien vuelca su devoción por la información política. En el mundo del deporte, por ejemplo, el aficionado al fútbol va por la tarde al estadio a ver un partido de su equipo; luego, tras visionar mientras cena el resumen del encuentro en televisión, escucha los programas radiofónicos deportivos de madrugada para, al día siguiente, leer en el diario la crónica del choque futbolístico que presenció en directo. Se trataría, pues, de un acto de evidente reafirmación de la realidad vivida.

A estas alturas, y visto lo visto, cabría también preguntarse si en España hay verdaderos analistas políticos o propagandistas. Asistimos, ciertamente, al espectáculo diario del periodismo declarativo, de titulares y entrecomillados en prensa, cortes en la radio y totales en televisión.

Se dice que no hay autocrítica entre nosotros, los profesionales. Yo destacaría aquí un caso excepcional. El periodista Arcadi Espada publica un blog en la edición digital de El Mundo donde, a diario, critica el trabajo interno de la redacción.

En cuanto a hacer información política en televisión les confesaré que es una tarea cada vez más complicada, sobre todo en los últimos tiempos cuando, pongo por caso, en las recientes elecciones vascas y gallegas, la cobertura de los actos electorales se limitaba a la señal propia que ofrecían los partidos en liza a las diversas televisiones. Eso no lo llamaría yo información, sino más bien propaganda.

Y un dato final, cargado de cierto romanticismo, si cabe. Espero que a la prensa escrita e impresa le quede aún larga vida, a pesar de los avances de Internet que cada día nos acercan más a lo que pasa a cada instante. Es una esperanza que mantengo porque a mí me sigue apeteciendo cada mañana abrir un periódico y leerlo, mientras me impregno las manos con la tinta que contienen sus textos e ilustraciones.

 

* Comunicación expuesta en la mesa redonda sobre Periodismo político en la España actual, celebrada en la Cámara de Comercio de Murcia el 30 de marzo de 2009.

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