Virolas

Luis Martín-Santos, el ser centrípeto

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“Cada capítulo lo escribo de una vez, en un único vómito. Corrijo poco, solamente palabras sueltas”.

 

Con apenas 40 años, Luis Martín-Santos se dejó la vida en una carretera alavesa. Corría el segundo mes de 1964 y hacía año y medio que había visto la luz una obra sobre la que siempre se hablará de un antes y un después en la novela contemporánea española: Tiempo de silencio (1962). Coinciden en el autor distintos aspectos que le llevan a estar considerado como singular referente literario en nuestras letras: hijo de militar franquista, nacido en Marruecos pero criado en San Sebastián, psiquiatra, socialista, encarcelado por el régimen… Martín-Santos era muchas cosas en uno mismo. Un ser centrípeto. Tanto Sartre como Joyce influirían en él de forma decisiva a lo largo de su mermada existencia.

Su figura ha vuelto a los espacios, de los que en años estuvo ausente, al publicarse una biografía que José Lázaro, colega suyo en la profesión médica, titula certeramente Vidas y muertes de Luis Martín-Santos. En ella hay quien aún sostiene que el escritor se quitó de en medio tras la pérdida repentina de su esposa. El mismo que se aventura a elucubrar que, si en la década de los setenta Martín-Santos hubiera estado vivo, el clan prevaleciente en el PSOE surgido de Suresnes (1974) hubiera sido el vasco, y no el sevillano. Otras fuentes cercanas descartan el suicidio. En su último viaje, Martín-Santos fue con un amigo a Salamanca a vender unos terrenos familiares. Buscaba negocios inmobiliarios. Tras la muerte de su mujer, el escritor anhelaba rehacer su vida con una antigua amiga. Todo se truncó cerca de Vitoria, un 21 de febrero. Su temprana Grana gris, poemario editado en 1945 con la inestimable ayuda paterna y del que después poco menos que abominaría, y su póstuma Tiempo de destrucción, serían génesis y apoteosis de la exigua obra de una figura tan carismática como seductora en el mundo de las letras hispanas, hoy, de nuevo, felizmente tan en boga.

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2 comentarios sobre “Luis Martín-Santos, el ser centrípeto

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