Virolas

Euskadi, el trazo final

800px-ajuria_enea

 

Quizá, sin ánimo de resultar pretencioso, el trazo final que le falte a la democracia en España –no diré a la que creo superada Transición– sea que en el País Vasco haya un lehendakari no nacionalista. Conviene tener muy presente que ello no ha ocurrido desde que la Guerra Civil suspendiese el Estatuto vasco, vigente en la Segunda República, ni tras la aprobación de la Constitución del 78 cuando comenzó a edificarse el denominado Estado de las Autonomías. José Antonio Aguirre, Jesús María de Leizaola (en el exilio), Carlos Garaikoetxea, José Antonio Ardanza y Juan José Ibarretxe, ocuparon tan alta representación. Y es que los vascos, en su devenir autonómico, siempre han ido ligados a alguien que regía su destino desde el Palacio de Ajuria Enea con la omnipresente vitola peneuvista, si exceptuamos el breve paréntesis que abrió el histórico socialista Ramón Rubial cuando entre 1978 y 1979 presidió el entonces llamado Consejo General.

Como ya ocurriera en Catalunya, la otra gran nacionalidad histórica, el nacionalismo encarnado primero por ese estadista que fue Josep Tarradellas y luego por Jordi Pujol, halló en las urnas un relevó normalizado al frente de la Generalitat, con la llegada en 2003 de un presidente socialista, Pasqual Maragall, a quien sucedió otro del mismo origen partidario, José Montilla.

Las elecciones del próximo domingo en Euskadi constituirán una oportunidad única para saldar ese déficit que arrastra desde tiempo atrás la sociedad vasca. Con la experiencia de anteriores citas electorales, la responsabilidad de las fuerzas no nacionalistas (PSE-PSOE y PP) debe primar sobre cualquier otro interés. Que el lunes los ciudadanos vascos estrenen un lehendakari con  apellido común de origen castellano y no necesariamente de raíz euskalduna, será un signo más de la normalidad democrática que debe regir este país. Nadie debería, por tanto, hacer excesivos aspavientos al considerar que, con ello, levantara la veda en lo que hasta ahora fue coto privado nacionalista. Ni azuzar brasas para llamar la atención de cuantos velan conciencias, siempre tan vigilantes y al acecho. Y fundamentalmente para que, ahora que estamos en carnaval, muchos se despojen de sus caretas y de la patente de corso que detentaron durante años, cuando parecía que algo cambiaba para que todo siguiera siendo igual en esa hermosa tierra, tan verde, tan robusta, tan radiante.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s