Virolas

Un pozo sin fondo

valkiria

 

Muchas veces me he cuestionado qué habría sido de la industria cinematográfica si no hubiera existido el Tercer Reich. O los indios americanos. O el Imperio Romano. Son sólo tres ejemplos de otros tantos hechos históricos que el cine ha explotado hasta la extenuación. Si alguien se hubiera preocupado de contabilizar las películas que en torno a la borrachera nacional socialista se han producido hasta hoy, seguro que todos nos llevaríamos las manos a la cabeza. La última –o la penúltima–, que vaya usted a saber, vino a presentarla ayer a Madrid ese eterno jovencito en que parece haberse convertido Tom Cruise (por cierto, quien guarda un sorprendente parecido con el alma de la frustrada Operación Valkiria).

Valkiria es una versión más del famoso complot que un grupo de oficiales nazis ideó para asesinar a Adolf Hitler en julio de 1944, en su Cuartel General de Prusia Oriental, el denominado Wolfsschanze, la Guarida del Lobo, haciendo explotar un maletín con un kilo de explosivo ingles. Tras ello, un gobierno provisional firmaría un armisticio con los aliados y se daría por concluida la Segunda Guerra Mundial. Aquel golpe, capitaneado por el coronel Van Stauffenber, quería decapitar el régimen y acabar no sólo con el Führer, sino también con sus temidos lugartenientes Himmler y Goering.

En un interesante libro sobre este hecho histórico, Jesús Hernández, probado experto en la Segunda Gran Guerra, sostiene que aquel magnicidio fracasó por cuatro razones fundamentales: por la mala suerte, cuando el coronel Brandt golpeó el maletín con el explosivo y evitó que Hitler fuese golpeado de lleno; por la buena suerte, por la que Hitler se creció pensando que la providencia estaba de su parte; porque muchos de los implicados jugaban con dos barajas y porque algunos conjurados condicionaron su participación a la muerte del Führer.

Ni que decir tiene que los impulsores de aquel fracasado intento fueron pasto de sus presuntas víctimas. Unos acabaron fusilados y otros fueron conminados a suicidarse. Un capítulo más de aquella barbarie que tanto rédito ha dado a la gran pantalla.

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