Diario

Diario de un prodigio (XLVII)

conservador

No se tú / Armando Manzanero – Pancho Céspedes

Buscaba algo en el maletín cuando reparé en ello. De repente, me di cuenta de que llevaba en su interior como media docena de medicinas que, sucesivamente, había ido agregando a su contenido. Supuse que ése era uno de los síntomas de que había llegado a la madurez abandonando definitivamente el divino tesoro de la juventud, que dijera el poeta.

Los hogares, como tantas otras cosas, se distinguen por sus olores. Siempre me ocurrió así y aún mantengo en mi sentido olfativo a qué olían las casas de mis amigos a lo largo de mi niñez. Una vez le leí a alguien que las viviendas de las personas mayores huelen generalmente a medicinas. Y me resultó curiosa esa generalización.

Los doctores Richard Axel y Linda Buck recibieron el Nobel por descubrir que una familia de genes controla la producción de proteínas receptoras especializadas. Son las que nos permiten reconocer hasta diez mil olores diferentes, así como recordarlos en el resto de nuestra vida.

Mi abuelo fue el primer ser con el que conviví viéndole consumir a diario una dosis de medicamentos. Mi padre lo miraba de soslayo, con cierto grado de estupefacción. Él se toma ahora docena y media de pastillas cada día. Las necesita para que el mecanismo siga funcionado. Teme a la vejez pues nunca viene sola, que rige la máxima platónica.  

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