Virolas

Conde vuelve a la trena

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La otra noche le oí charlar, con ese tono pausado que Quintero imprime a sus entrevistas, en Ratones Coloraos. Sin embargo hay quien todavía hoy mantiene que él lo que siempre ha sido, más que un gato a la caza de roedores, es un tiburón de los negocios. Mario Conde abrazó el taoísmo en la cárcel, a la que volvió ayer, en Sevilla, para hablar a los internos que quisieran escucharle. Les dijo cosas recurrentes, algunas en lenguaje de la trena, así como que “de aquí, se sale” o que “fuera de estos muros hay vida”. Calcula el ex presidente de Banesto que durante el tiempo que permaneció entre rejas leería unos 400 libros. Por eso este miércoles quiso hacer una donación a la biblioteca de ese centro penitenciario, porque entiende que hay que prepararse para cuando uno vuelva a ser libre.

Quiso Conde desmentir los numerosos bulos que sobre su estancia en prisión saltaron a los mentideros. Y por negar, negó que se pertrechara de jamones de jabugo en su celda, que tuviera visitas distraídas o que algunos funcionarios lo sacasen de vez en cuando a tomar el aire oculto en un vehículo. Patrañas, sólo patrañas, dijo el ex banquero a los presos que le escuchaban con atención.

Últimamente Conde ha quedado muy tocado tras la muerte de su mujer. Se le nota y bastante. Quizá por eso dijo también a los internos de Sevilla lo que hoy destaca en la portada algún diario: “A veces cuesta más vivir fuera que dentro de la prisión”. Con todo, aún conserva esa labia embaucadora que tan buenos réditos le diera en otros tiempos, cuando era el ejemplo a seguir para muchos o el hombre a imitar por otros tantos. En su rostro se reflejaba la otra noche, hablando con El loco de la colina, lo sufrido en sus carnes. Como cuando explicó algo así como que un hombre ha de ser él por sí mismo y no por sus cosas, de las que hay que saber desprenderse en un momento determinado. Pero Conde, que ahora mantiene un blog muy seguido, haciendo gala de la máxima que formulara algún sabio, será consciente de que la fortaleza humana pasa por ser capaz de levantarse tras el golpe asestado, en tanto al que acecha la debilidad y la estulticia le resulta imposible recuperarse de un éxito.

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