Virolas

Confianza erigida en norma

pinguino-emperador

 

A veces el reino animal nos da lecciones magistrales a los humanos. De ellos, de los animales, debiéramos aprender en muchas ocasiones por una naturalidad que asombra. Más pareciera que, cuando nosotros aún nos cuestionamos si dos y dos suman cuatro, ellos lo tuvieran claro desde el origen de los tiempos.

Veo por televisión un reportaje sobre los pingüinos emperador, la especie de mayor tamaño de estas aves marinas. Y me sorprende su probada vocación monógama. Me entero de que, en épocas de apareamiento, unos buscan a otros y siempre tienen como primer referente la pareja del año anterior. A eso se le podría llamar fidelidad animal, sólo rota de forma drástica cuando media la muerte. Pudiera ocurrir que una hembra, tras un largo recorrido, se aparease con otro macho, al no hallar ésta su pareja anterior. Sin embargo, de aparecer el que se creía perdido, es la hembra la que escoge al felizmente recuperado en detrimento del sustituto. Curioso descarte animal en una especie que se denominaría irracional, aunque con lógica aplastante para sus entendederas.

De los pingüinos emperador llama la atención, además, otra circunstancia: el huevo que pone la hembra pasa inmediatamente al macho, con especial celo y cuidado; éste lo tiene que incubar durante dos meses en los que ni duerme ni come, tan sólo incuba en noches antárticas que pudieran llegar a alcanzar una duración de 20 horas. Es normal que en ese afán pierda hasta la mitad de su peso. Mientras tanto, la hembra buscará alimento en profundidades de hasta 300 metros. Si no llegara a tiempo y el nacimiento se produjese antes, el padre alimentaría al pequeño durante ese intervalo con una sustancia lechosa que segrega en el esófago. A su vuelta, la madre buscará a su pareja y a su retoño, regurgitará la comida engullida y alimentará al pequeño. Será entonces cuando se produzca el relevo y sea el macho el que vaya a buscar el sustento.

La fidelidad es la confianza erigida en norma, que dijo Ortega y Gasset. Y sospecho que el filósofo no pensaba precisamente en los pingüinos emperador cuando hizo el aserto.

 

 

*************

 

* Cortesías. Cuando un jefe se convierte en un maestro

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s