Virolas

Como en Silicon Valley

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Son éstas unas fechas muy señaladas para que tenga lugar eso que se da en llamar comida o cena de empresa. Se trata de una costumbre por la que, una vez al año, los empleados se reúnen con los jefes para, en amor y compañía, aunar voluntades. Algo de falsedad habrá siempre en el empeño pero, ya se sabe, a veces hay que tragar bilis por llevar a casa un sueldo con el que pagar la luz, el gas, el teléfono o el colegio de los niños. Nada que objetar pues a esas celebraciones que, anualmente, nos aproximan a unas fechas donde todos queremos o pretendemos ser mejores y más tiernos con el prójimo, acaso por Real Decreto.

Lo que ya no es tan normal es que en tiempos de crisis, como los actuales, los rectores de lo público se nos descuelguen con actuaciones como la que se ha pretendido perpetrar en la Consejería de Sanidad murciana. Ni más ni menos que un monumental ágape para 700 comensales, altos cargos y funcionarios, con cargo al erario al que todos contribuimos. Tal ha sido la escandalera suscitada que la titular del departamento ha tenido que dar marcha atrás y suspender el festín ante el chaparrón que se le avecinaba. Y no es para menos.

Sorprende con lo que está cayendo, con las cifras del paro que tenemos, con el cierre masivo de empresas y negocios y lo que está por venir, que haya quien pretenda seguir disparando sus arcabuces con pólvora de rey. Eso cuando hasta las opulentas celebraciones navideñas en el sofisticado Silicon Valley, según leo, van a ser difíciles de encontrar este año, pues la susodicha crisis ha obligado a casi todas las compañías tecnológicas a recortar presupuesto para fiestas o a suspenderlas directamente. Y es que los miles de despidos en el sector y una caída del índice Nasdaq de más de mil puntos desde el pasado enero, no aconsejan grandes dispendios. Una encuesta revela que en los Estados Unidos, sólo un 77 por ciento de las empresas planean festejos navideños en este año, frente al 90% de 2007. Elemental. Eso allí, porque aquí, a lo que se ve, algunos parecen no haberse enterado todavía de que no están los tiempos para muchos fuegos de artificio, aunque el dinero que sufrague los cohetes y tracas no salga del bolsillo, precisamente, del que los encargue al pirotécnico de turno.  

 

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